<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1795023550260982131</id><updated>2012-02-17T23:59:20.954-08:00</updated><category term='Novela'/><category term='Novela Breve'/><category term='Narrativa'/><title type='text'>Las afecciones narrativas</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Las afecciones narrativas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11865930094651577520</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>12</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1795023550260982131.post-8645017202632063206</id><published>2009-01-16T08:39:00.000-08:00</published><updated>2009-01-16T08:45:34.687-08:00</updated><title type='text'>Rodrigo Alberto Cuellar</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SXC5YX4L0yI/AAAAAAAAACQ/kWLffI5vWXU/s1600-h/Rodrigo_A._Cuellar.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SXC5YX4L0yI/AAAAAAAAACQ/kWLffI5vWXU/s320/Rodrigo_A._Cuellar.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5291933390538003234" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Presentamos al Ganador de nuestro primer concurso virtual de cuento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo Alberto Cuellar (México DF, 1990).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como autor de narrativa, obtuvo mención honorífica en el Premio Nacional de Cuento Campirano Marte R. Gómez 2008, convocado por la Universidad de Chapingo, con el relato El único sol triste, y ha publicado los cuentos Ya vamos rumbo a Zempoala y Olía a flores en la Gaceta del Centro Universitario Angloamericano, en donde estudia la preparatoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En teatro, es autor de la obra Ceniza de ángeles, puesta en escena en octubre del 2008.  Estudió teatro tres años en el Centro de Arte Dramático (CADAC), donde actuó obras como Pic-nic, de Fernando Arrabal, Pensando en chiquito y Porque la muerte no me es ajena, ambas creaciones colectivas, así como El siniestro y escalofriante doctor Frederick Ludwing von Mamerto o Antes de ver a un psicólogo consulta a tu abogado o Y tú ¿Quién eres?, de Antonio González Caballero, y la pastorela El octavo pecado, que participó en el XV Festival Hispanoamericano de Pastorelas.  Durante dos años formó parte del grupo de teatro independiente “Teatro X”. Próximamente presentará el monólogo Nos imputaron la muerte del perro de enfrente, de Alejandro Hernández, en el Primer Really de Teatro 2009, organizado por el Centro Cultural el Foco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cuarto para las…&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuarto para las diez. El tren no avanza. La esperanza de Ana, y las velas que seguramente ha puesto, se derraman sin misericordia. Puede que esté perdiendo ganas, el vigor que es tan suyo en la cama. Y yo aquí, atorado en un tren que no avanza. Estoy sudando, eso no es bueno, no le gusta: menos besos en la piel. El tren por fin avanza. El cabello se me escurre de a poco, no habrá caricias por el rostro. Llego a la última estación. Ahora, de prisa, camino como si corriera. Faltan cinco cuadras, es decir, poco, es decir, mucho. He tenido la boca abierta demasiado tiempo, muchas bacterias en el aire, mal aliento, no habrá besos ¡No puede ser! El sudor me lo podré limpiar con algún pañuelo, el cabello ni modo,  tendré que pedirle que me deje usar su baño (reprueba eso, para ella es signo de desconfianza). Pero el aliento… ¡claro! los chicles que me ha dado Sebastián. Los puse en la bolsa del saco. Busco en el bolsillo izquierdo, una grapa, tres clips, una pluma. En el derecho… un pelaje, movimientos ágiles, consistencia suave, qué. Me detengo. Palpo por afuera del bolsillo y no siento ninguna irregularidad, nada notable, los chicles a lo mejor no se sienten por pequeños, deben estar en el fondo.  Meto de nuevo la mano al bolsillo, una bola, una cola, un chillido, Cabrón. Saco la mano como si lo que estuviera adentro fuera una llamarada, miro la bolsa, desconcertado. Y de nuevo, con mucha lentitud, vuelvo a introducir mi mano. Ahora, cuando la saco, tengo una pequeña y finísima mordida de la que escurren dos gotitas de sangre… ¿Cómo entró, y cómo saco al ratón? Hago un repaso rápido de los momentos y lugares en los que puse mi saco: nunca al alcance del suelo, nunca en alguna inclinación, un orificio, nada. Cómo entró. Diez y media. Me he demorado muchísimo ¿seguirá esperándome? ¡Tengo que sacarlo! no hay más remedio: lo cogeré y lo dejaré en la calle. Hace mucho frío como para pensar en quitarme el saco, y soy totalmente incapaz de matarlo. Introduzco la mano mientras sigo avanzando, no hay más tiempo qué perder, meto la mano y… Sostengo dos ratones entre mis dedos, ambos blancos, me miran con sus rojizos ojos, no se mueven, van temblando sobre mi palma a causa de mis acelerados pasos. Me miran como si me estuvieran acechando. Carajo. Los dejó en una maceta del parque. Diez cuarenta. El sudor. El aliento. Los chicles. El bolsillo. Tres ratones. Me detengo. Los miró como si en vez de ratones lo que tuviera en la mano fuese un elefante. Los dejó en otra maceta, busco los chicles y ahora hay tantos ratones en mi bolsillo que me es imposible tomar uno, se deslizan cayendo unos sobre otros, algunos me muerden. Voy sacándolos de dos en dos, y siempre que están en mi mano se detienen, me miran, y me acechan. Pero estos, a diferencia de los primeros, se mueven, se deslizan, se orinan por mi traje en lo que yo saco otros del bolsillo. Avanzo. Las once. No me esperará. Los ratones están dentro de mis pantalones, de mis calcetines, otros cuelgan de mi corbata, algunos muerden. El aliento. Los chicles. De dos en dos se asoman del cuello de la camisa, de las mangas, de mi cuello. No habrá vigor, no habrá cama. Todos me muerden. Al cuarto para las doce encontramos el cadáver.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1795023550260982131-8645017202632063206?l=lasafeccionesnarrativas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/feeds/8645017202632063206/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1795023550260982131&amp;postID=8645017202632063206' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/8645017202632063206'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/8645017202632063206'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/2009/01/rodrigo-alberto-cuellar.html' title='Rodrigo Alberto Cuellar'/><author><name>Las afecciones narrativas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11865930094651577520</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SXC5YX4L0yI/AAAAAAAAACQ/kWLffI5vWXU/s72-c/Rodrigo_A._Cuellar.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1795023550260982131.post-816806556072330226</id><published>2009-01-13T07:03:00.000-08:00</published><updated>2009-01-13T07:09:27.775-08:00</updated><title type='text'>Fallo del 1er premio de narrativa joven Las Afecciones Narrativas</title><content type='html'>Estimados lectores: algo tarde pero no demasiado, presentamos el fallo de nuestro primer concurso de narrativa y con él reiniciamos actividades del blog y les deseamos un gran año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De un total de 15 trabajos recibidos, uno de El Salvador y el resto de México, el jurado decidió darle el premio al cuento: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuarto para las...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;de Rodrigo Alberto Hernández Cuellar, orifinario de la Cd. de México.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;el jurado escribió en su dictamen: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque tiene algunos errores de sintaxis, ciertamente son menores ante el original planteamiento y la forma de resolver un conflicto, aparentemente inverosímil, la voz narrativa en primera persona fluye con claridad aunque de pronto se acartona hacia la retórica y utiliza algunos adjetivos de más. La fiel descripción de un ambiente cotidiano, la capacidad para crear una atmósfera de desesperación y la tensión que apura la lectura logran hacer interesante al cuento, cuya brevedad es, francamente, atinada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El jurado estuvo integrado por Luis Tellez-Tejeda y el Consejo editorial de las Afecciones Narrativas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Felicidades.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1795023550260982131-816806556072330226?l=lasafeccionesnarrativas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/feeds/816806556072330226/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1795023550260982131&amp;postID=816806556072330226' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/816806556072330226'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/816806556072330226'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/2009/01/fallo-del-1er-premio-de-narrativa-joven.html' title='Fallo del 1er premio de narrativa joven Las Afecciones Narrativas'/><author><name>Las afecciones narrativas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11865930094651577520</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1795023550260982131.post-6916852489277785817</id><published>2008-12-12T07:06:00.000-08:00</published><updated>2008-12-12T07:09:51.594-08:00</updated><title type='text'>Fin de año y actividades</title><content type='html'>Estimados (pocos) visitantes de las afecciones narrativas, una serie de eventos en combinación con el fin de año y las fiestas nos han mantenido un poco lentos en las actualizaciones del blog. Pero volvemos, al final de la siguiente semana se publicarán aquí mismo los ganadores de nuestro primero concurso virtual (el cual tuvo éxito inusitado)y comenzaremos el año con nuevas propuestas, nuevos escritores, nuevos bríos, pues. Un abrazo y nuestros mejores deseos para los visitantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El equipo de Las Afecciones Narrativas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1795023550260982131-6916852489277785817?l=lasafeccionesnarrativas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/feeds/6916852489277785817/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1795023550260982131&amp;postID=6916852489277785817' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/6916852489277785817'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/6916852489277785817'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/2008/12/fin-de-ao-y-actividades.html' title='Fin de año y actividades'/><author><name>Las afecciones narrativas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11865930094651577520</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1795023550260982131.post-2587094073728174447</id><published>2008-09-19T07:33:00.000-07:00</published><updated>2008-09-19T07:35:25.895-07:00</updated><title type='text'>Primer Premio Virtual De Cuento Las Afecciones Narrativas</title><content type='html'>Con la finalidad de promover la escritura narrativa entre los jóvenes mexicanos, se convoca al &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Primer Premio Virtual De Cuento &lt;br /&gt;Las Afecciones Narrativas&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podrán participar todos los escritores mexicanos de 18 años o menos que lo deseen con un cuento inédito de tema, forma y extensión libre (aunque Las Afecciones Narrativas recomienda que el texto sea breve y conciso).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada autor deberá enviar el texto con el que desea participar a la dirección electrónica  lasafeccionesnarrativas@gmail.com  en un archivo adjunto y en formato de Word (.doc). No se abrirán archivos en otra extensión.  Tanto en el texto como en el cuerpo del correo deberá aparecer el nombre y correo del autor. El participante deberá anotar en “Asunto” el lema Premio Virtual Afecciones Narrativas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El plazo del premio quedará abierto desde la publicación de la presente convocatoria y hasta el  15 de noviembre de 2008. No se admitirán textos después de esta fecha. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El premio consistirá en la publicación del cuento en Las Afecciones Narrativas así como en 2 revistas impresas de circulación nacional y en un paquete de libros. Eventualmente incluiremos a los mejores autores en nuestro Blog:  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;http://www.lasafeccionesnarrativas.blogspot.com&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias por participar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1795023550260982131-2587094073728174447?l=lasafeccionesnarrativas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/feeds/2587094073728174447/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1795023550260982131&amp;postID=2587094073728174447' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/2587094073728174447'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/2587094073728174447'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/2008/09/primer-premio-virtual-de-cuento-las.html' title='Primer Premio Virtual De Cuento Las Afecciones Narrativas'/><author><name>Las afecciones narrativas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11865930094651577520</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1795023550260982131.post-5795681956723051216</id><published>2008-09-15T07:47:00.000-07:00</published><updated>2008-09-15T13:31:16.375-07:00</updated><title type='text'>Gabriela Torres Olivares</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SM52i5VYa_I/AAAAAAAAABo/gj4CnKfbaPI/s1600-h/gaby2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://4.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SM52i5VYa_I/AAAAAAAAABo/gj4CnKfbaPI/s320/gaby2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5246260957811338226" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;BIBLIOGRAFÍA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gabriela Torres Olivares (Monterrey, Nuevo León, 1982). Fue codirectora del tríptico de literatura y fotografía Himen y directora de la editorial independiente Harakiri. Durante seis años fue miembro del consejo editorial de la revista Los Papeles de la Mancuspia. Su trabajo ha sido incluido en distintas antologías sobre nuevas voces narrativas, así como en revistas y publicaciones literarias. En 2004-2005 fue becaria del Centro de Escritores de Nuevo León con su primera novela Tal vez en otro lugar. Fue parte del colectivo de activismo cultural Proserpina. Actualmente colabora con la revista Picnic (arte y literatura) e Indie-rocks! (revista de música independiente), ambas del DF. Ha sido traducida al francés en una antología de Escritores Jóvenes de México y está siendo traducida al inglés. En la primavera de 2008 proyectó la pieza de videopoesía itinerante PoetTube –broadcast poetry- y compiló el bookZine de literatura mexicana Piroper@. Coordina el Encuentro de Escritores Jóvenes del Norte de México y Sur de EEUU. Ha publicado los libros de cuentos Están Muertos (2004) e Incompletario (2007). Actualmente vive en Rosarito donde trabaja en una novela sobre abducciones aliens y mutaciones reptiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gabriela quiere afectar a:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- Patricia Laurent Kullick&lt;br /&gt;2.- Mayra Luna&lt;br /&gt;3.- Liliana Blum&lt;br /&gt;4.- Magali Velasco&lt;br /&gt;5.- Sylvia Aguilar Zéleny&lt;br /&gt;6.- Glafira Rocha&lt;br /&gt;7.- Cristina Rivera Garza&lt;br /&gt;8.- Eve Gi&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Trece punto dos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; 1 &lt;br /&gt;Vasudeva llora por las noches. Insiste a su mami que le duele cinco centímetros encima del hombro. La mami dice que encima del hombro no hay nada. Pide que le sobe el espacio de aire, que lo acaricie. De principio la mamá se niega pero ahora lo acaricia en una especie de reiki a la nada. Entonces la niña se calma y duerme. &lt;br /&gt; Vasudeva sueña que se fragmenta, de tener cuerpo de niña pasa a ser finos cortes de bisteces. No le duele pero le preocupa. Papá y mamá nunca reconocerían los pedazos de carne que ya no la conforman. Entonces cuando despierta se toca desesperada, revisando que ningún pedazo de cuerpo falte. Nada falta. A ella le parece que sí. Incluso ha pensado que duerme siendo de mayor tamaño y en los sueños siempre le quitan volumen pero nadie, ni siquiera ella puede notarlo. Pero lo siente. &lt;br /&gt; Vasudeva quisiera morir. A sus siete años ha pensado que le gustaría reencarnar en una flor. Una de color morado. Sabe que se ha portado bien para que en el bardo se le dé a escoger, ella dirá que una hermosa flor morada. No sabe cómo morirse y esperar la vejez le parece eterno. Necesita ya saber qué se siente no tener cuerpo. Necesita su esencia al cienporciento. Le ha dicho a papá que quiere morir. Él se espanta mencionándole que la vida es hermosa y que aleje esos pensamientos de sí. Ella ya no dirá nada porque para cualquiera de los que la rodean, esto parece la peor grosería y las groserías son malas y hacen de las personas malas personas y las malas personas no tienen oportunidad de elegir una próxima buena vida en el bardo.&lt;br /&gt; Vasudeva le ha dicho a mami que la canción de mamita yo no quiero un hermanito, lo que quiero es un perrito, le parece infinitamente cruel. Ella quiere una hermanita, un hermanito no porque los niños no juegan juegos de niñas. Vasudeva quiere una hermanita y la ha pedido con todas sus fuerzas pero mami se niega; mami ya no es fértil. Entonces, Vasudeva, le pide que le sobe la nada, que la nada quiere que la soben.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2&lt;br /&gt;La cuestión principal era saber si las hermanitas Garza Lombardi compartían, además del cuerpo, el alma. Haber nacido en una familia adinerada, sin contar los avances tecnológicos, les daba la oportunidad de ser separadas en una cirugía medianamente exitosa (85% de posibilidades de que una de ellas viviera). Pero como hemos mencionado con anterioridad, la cuestión principal era saber si también compartían el alma.&lt;br /&gt; Nadie nunca supo que serían gemelas siamesas. Tampoco gemelas monocigóticas. Mucho menos niñas. El señor Garza Lombardi se empeñó en no realizar una ecografía a su esposa. Deseaba, en su postura de hinduista millonario, que la gestación y el parto se llevaran a cabo de manera natural. También de manera natural se enteraron que ella estaba embarazada, cuando no tuvo el periodo durante dos meses y atinó en decirle al marido, que se encontraba en estado y que debían ir con un ginecólogo. La negación del hombre junto a la felicidad de saberse padre. Debemos sorprendernos y aceptar el regalo, sea lo que sea, porque un hijo es un regalo, mencionó. Pero ninguno de los dos sabía que a los trece días de gestación el cigoto debe separarse; lo cual no ocurrió. Y la ciencia dicta que entre más tarde la separación, más órganos se compartirán. Así que las hermanitas serían siamesas pigópagas, que quiere decir que comparten casi todos los órganos, incluyendo el recto y la vagina; asimétricas, pues además de casi todos los órganos también casi todas las extremidades. Sólo cabeza, un pulmón y un brazo izquierdo las diferenciaban. &lt;br /&gt; Entre meditaciones, dietas de semillas y té de menta, transcurrieron los ocho meses y catorce días de expectativa. Mandaron traer un monje partero tibetano de importación exclusiva. Se decía que el anciano participó en el parto de la sobrina del Dalai Lama. Así que un alumbramiento de lujo para un regalo de lujo. Para la mujer y el regalo de los Garza Lombardi, una de las familias pioneras en tiendas naturistas y difusores del hinduismo en México. Tres días y medio de om’s, incienso y música paradisíaca; lavados estomacales para evitar que cuando el puje, el regalo se embarrara de mierda; mantras y bailes y sin embargo la mujer en el trabajo, imposible de asomar siquiera un pedazo de piel del regalo dentro de sí. Cuando la ruptura de la fuente, nada. Después nada. Quizá sean gemelos, alcanzó a pensar el monje, pero para eso se necesitaba de otra clase de meditación cesárea, que no incluye xilocaína, sino la ruptura en la piel del vientre, así, sin más. La mujer no se había preparado para aquella posibilidad. Nadie, de hecho, lo había pensado. Quizá sean gemelos, alcanzó a decir el anciano.&lt;br /&gt; En la sala de urgencias de un hospital se ve entrar a una parturienta vestida de color caqui con el rostro pintado de hena. Tras la camilla dos hombres corren con la misma vestimenta de la antes mencionada. No pueden pasar a la sala de cirugías con ropas no esterilizadas. Esperan afuera mientras otros familiares de pacientes los observan y musitan entre ellos el aspecto de esos dos que no han dejado pasar. &lt;br /&gt; El ginecobstetra apoya suavemente el bisturí sobre la bolsa. Introduce las manos enguantadas en el vientre para sacar el producto. Los ojos de todos se abren para no perder de vista el regalo. Se abren mucho más con la sorpresa. También algunos labios se abren pero esto no puede verse debido a los cubrebocas. El doctor finge la naturalidad de una cesárea cualquiera pero en todos sus años nunca había sentido esa experiencia de aberración, ni siquiera cuando lo vio en el libro de deformidades neonatológicas. Esto lo llevará a tener pesadillas de vez en cuando, todas ellas relacionadas con las deformidades físicas. También lo llevará a una fama efímera cuando las cámaras de televisión lo entrevisten.&lt;br /&gt; A la sala de espera ha llegado el resto de la familia Garza Lombardi. Expectantes cuentan entre ellos los embarazos múltiples en el árbol genealógico. Cómo no haberse imaginado un regalo doble. El anciano comienza un canto pero es acallado por las enfermeras. El señor Garza Lombardi se arrepiente de ni siquiera haber realizado una ecografía para recibir a sus gemelitos con más bombo y platillo. Todos le cuestionan los nombres que llevarán ya sean hombres o mujeres. No sabe. En su predeterminación pensó que sería niño, en cuyo caso, Govinda. Si niña, Bodhisattva. Lo dijo y todos aplaudieron mencionando la falta del otro. Pues Siddharta o Vasudeva, respectivamente, inquirió entre risas. Lo que le preocupaba realmente era el recibimiento de uno, un solo ente, un solo espíritu. No estaba preparado para dos. El resto de la familia también se preocupó pues compraron regalos para uno. Pero eso no importaba: lo material no importa, dijo el abuelo Garza Lombardi, lo que realmente importa es que nazcan con salud, pues de la salud depende la esencia, el espíritu. &lt;br /&gt; Cuando la enfermera lo condujo a la cámara de incubación no daba crédito al ver a sus pequeñas que tenían más el aspecto de Ganesha que de un bebé normal. Es preciso mencionar que el ginecobstetra salió previamente para avisar que habían sido niñas. Como también es preciso decir que sólo al padre se le dijo, en un rincón, que estaban pegadas. Una pequeña cabeza emergía a un lado de otra pequeña cabeza y un bracito aparecía sobre el hombro izquierdo, encima del otro bracito. El resto de los bebés dormían plácidamente bajo las paredes de acrílico. Sólo la suya, las suyas, eran punto de referencia, ostrananie conceptual, diferentes, como diferente la ropa del padre, que a pesar de lucir como un vagabundo tenía más dinero que el resto de los padres de todos esos niños. Sintió vergüenza, no pena, sino vergüenza, no compasión, sino vergüenza, pura y vil vergüenza porque la vergüenza es algo que te obliga a desear morir. Vergüenza no es bella ni siquiera fonéticamente, la uve, la diéresis y la zeta dan todo el contexto morfológico. Pues él sintió esto. Deseos infinitos de morir. De que nadie, ni siquiera su familia, ni siquiera la madre, las viera. Huir lejos con sus niñas. Culpándose todo el tiempo de esa falta de ecografía, de haber sido él quien genéticamente, con su mal esperma, las había formado. Pero no sabe que éste no es un defecto genético, sino una mutación durante la gametogénesis o el desarrollo poscigótico. &lt;br /&gt; Regresa cabizbajo. Avisa la diferencia de las gemelitas. Los alegres rostros se tornan ahora tristes. El tibetano menciona que esta clase de nacimientos son muy comunes en Oriente y África, incluso él ha visto personas que se desarrollan normalmente, trabajan, se casan, tienen hijos, siendo siameses. También y de manera nada táctica dice la etimología de siameses: de Siam, Tailandia, ahí nacieron unos siameses muy famosos que viajaron por el mundo llevando un espectáculo circense. Sus palabras no ayudan en nada a la familia. Nadie quiere ahora saber de etimologías, ni de siameses famosos, ni de tipos de siameses, como consolación. Creo, insiste el anciano de poco tacto, que la cuestión importante es saber si comparten también el alma, a ustedes les importa eso ¿no? Si de nada ayudó con su sabiduría desenfadada etimológica, sí aumentó la preocupación cuando todos se cuestionaron aquello tan cierto de la esencia. Pero pasó a segundo plano porque el señor Garza Lombardi tenía que entrar a ver a su esposa que despertaba de la anestesia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3&lt;br /&gt;Destapa el frasco de popper. A pesar de que lo inhala con mucha fuerza no siente la cúspide del orgasmo, sólo los efectos secundarios normales de una excitación cualquiera. Nunca ha tenido uno. Y ahora tiene que fingirlo pues su novio le ha dicho que le molesta que el sexo no la satisfaga. Grita con exageración a lo que el chico sonríe. Mejor se va a esnifar un cóctel de riboflavina y coca porque si el sexo no le da orgasmos, sí le quita energías. Y sin energías se deprime y si se deprime piensa y si piensa llora.&lt;br /&gt; Sus padres quieren que vuelva al sendero divino de la iluminación. Ella contesta que la iluminación le vale madres, que su oscuridad nunca podrá ser iluminada. Llama de vez en cuando a casa para pedir dinero. Cantidades desorbitantes para una estudiante de medicina. Nunca se lo niegan. Y ella se niega a pagar grandes cantidades a un dealer, por eso se ha vuelto una experta en sustancias activas de los medicamentos preescritos. El dinero lo usa para darse una buena vida y pagar mordidas a la policía. Tiene un minilaboratorio en su departamento. Usa una bata y lentes protectores para hacer mezclas de las cuales es su propio conejillo de indias. Acepta en su casa a drogadictos, borrachos y otros delincuentes que la respetan, pues cuando uno se ha querido pasar, desnuda su hombro izquierdo y dice: ¿ves esto? Estuve a punto de morir. Pero si no fui yo la que murió, la respuesta de quién, está muerta. &lt;br /&gt; Le han dicho que la mezcla entre cloretano, amoníaco y alcohol es como un orgasmo. Midió su peso entre los miligramos de cada sustancia, según sus efectos, pero fue más la cruda que la satisfacción. Así que supuso que eso no era un orgasmo, sino más bien la perdida del cuerpo, una muy leve separación de lo que compone su masa. Con más cantidad quizá se sienta más pero porque con más cantidad te mueres. &lt;br /&gt; A pesar de su obvia adicción, es una estudiante ejemplar. No hay nadie en la escuela que se apasione tanto con prácticas de disección de cadáveres, ni con la infinitud de numeritos y letras de la tabla periódica de los elementos. Nadie que lleve los mejores ensayos y se formule las más difíciles hipótesis sobre tal o cual enfermedad. Además de cuestionar a sus maestros con medicina naturista. A sus padres les restriega en cara las bondades de la medicina alópata. A sus maestros les propone la alternativa natural. A sus clientes les da polvos y pastillas y líquidos que los saquen de la realidad porque dice que la realidad no existe, es un impuesto de la cultura. Así que para eliminar todo ese impuesto por los maestros y los padres y el hinduismo es mejor el atajo hacia la nada. Porque al final de cuentas todo es nada. El absoluto es el abismo. Y a ella le gusta acariciar la nada porque hace años que se la quitaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4&lt;br /&gt;Debemos salvar sólo a una de las niñas, dijo el doctor. El señor Garza Lombardi piensa en el tibetano, aquello de compartir el alma, su occidentalismo no ha borrado esa tradición. El ginecobstetra sonríe ante el señalamiento del padre. Luego se arrepiente pues cae en cuenta que esto es importante para él. Una de ellas es lo que llamamos gemelo parásito, es decir, carece de vida por sí solo, necesita de la otra niña para sobrevivir y a la larga le hará daño porque la columna vertebral está diseñada para cargar un solo cuerpo todo el tiempo. Pero esto no debe ser precisamente inmediato, debemos esperar unos meses en lo que se alcanza a desarrollar y usted piensa qué tan conveniente es.&lt;br /&gt; Bodhisattva y Vasudeva duermen en su cunita especial. Vasudeva tiene los ojitos cerrados y respira con dificultad pues le oprime el pecho el peso de la otra. Bodhisattva no puede cerrar los ojitos porque ni siquiera tiene unos. En las cuencas hay carne, sólo carne ahuecada por la falta de los globos oculares. Pero tiene de nariz unos hoyitos malformados que le permiten seguir con vida. Una boquita sin labios y una lengüita que aunque roja, parece más la de un pajarito que la de un humano. El padre las mira dormir y piensa lo que ha dicho el médico en la última visita: si muere Bodhisattva, Vasudeva tendrá muy pocas oportunidades de vivir. Toma una decisión y llora. La madre hace lo mismo aunque de principio se niega. Mañana comprará los boletos para Houston, allá hacen mejor las cirugías de separación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5&lt;br /&gt;La doctora Vasudeva Garza Lombardi no puede realizar una cirugía. No puede pues el pulso de su brazo izquierdo falla. No le dieron la licencia que requiere como cirujano. Siempre había notado ese problema pero nunca imaginó que fuera tan grave pues en las prácticas de disección jamás tuvo complicaciones. Le atañe la temblorina a las drogas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6&lt;br /&gt;La operación fue un éxito a pesar de la muerte de Bodhisattva. El señor Garza Lombardi pide al médico los restos de su pequeña. El médico le explica que casi siempre las familias donan éstos en pro de la ciencia. A pesar de la petición para el ritual funerario, el padre acepta, pues es de egoístas no permitir la quizá mejoría de un futuro. &lt;br /&gt; Bodhisattva es envuelta en una bolsa transparente y sepultada en un cajón de aleación de metales para viajar por todo Estados Unidos de una clínica a otra. Ser exhumada de vez en cuando mientras muchos guantes de látex la examinan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7&lt;br /&gt;La doctora Vasudeva Garza Lombardi, escribe el capítulo ‘La Separación Monocigótica en el Día 13’ de su libro: La Compartición de Almas. Está formulándose la primera pregunta: ¿Cuántos órganos deben compartirse para compartir también el alma? Aun no sabe la respuesta y quién sabe si la sepa, además el libro no será aprobado por la sociedad médica que lo cuestionará y hará una crítica sobre la subjetividad del caso. Además justo cuando termina de hacer la pregunta el teléfono suena para informarle que una clínica en Boston rechazó la petición de ver todos los cuerpos de siameses que tienen para estudio. Pero esto tampoco importa pues Bodhisattva no está ahí ni en ninguna otra clínica del mundo. Sus restos fueron cremados hace diez años, cuando gracias a la negligencia su cuerpo comenzó a pudrirse. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8&lt;br /&gt;El señor Garza Lombardi sale de la clínica junto a su esposa que lleva a la niña en brazos. La operación fue un éxito, contesta al reportero de las noticias que viajó desde Monterrey para cubrir la nota de la separación de las siamesas. La familia se dirige al estacionamiento. El reportero los sigue: ¿Y Bodhisattva? ¿qué ha pasado con la otra niña? Por favor, ha sido una decisión difícil, Bodhi está ahora en una mejor parte. ¿Cuáles son las expectativas de vida que se tienen para Vasudeva? Todos estamos bien ahora, y esperamos que así sigan las cosas. ¿No afectó ningún órgano de la niña? Afortunadamente no y les agradecería de sobremanera que nos dejaran descansar, ha sido una jornada larga y estamos cansados. Pero ¿qué pasa con aquello que nos dijo en una primera entrevista?, lo del alma; a usted le preocupaba que compartieran el alma, ¿no es así? El señor Garza Lombardi empuja levemente a su esposa dentro de un coche. Gracias, les agradecemos su preocupación. Bueno, Cecilia, como pudimos percatarnos, la familia Garza Lombardi ha tenido una jornada larga pero la separación fue un éxito. A pesar de que no pudimos ver a la niña, sabemos por voz del padre que está bien. Esperemos que no se presenten más complicaciones, por mi parte es todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9&lt;br /&gt;Aborrece, no, más bien evita observar a personas incompletas en las calles. Más a aquéllas que nacieron con todo y en el transcurso lo han ido perdiendo. A pesar de que su ética médica la obliga a tratar con los de esta naturaleza, intenta no profundizar demasiado porque teme preguntarles: ¿cuánta alma crees que has perdido con esa ausencia? Porque para ella es una ausencia, un vacío. No las rampas de las banquetas ni las señales de discapacidad en los estacionamientos, no, eso no es lo principal; es la aptitud para seguir viviendo, quizá con menos gramos. &lt;br /&gt; Según muchos médicos forenses y embalsamadores, un cuerpo sin vida pesa veintiún gramos menos. Miligramos de diferencia en algunos casos, dependiendo del volumen espiritual. Un alma a dieta es la que se encuentra atormentada. La plena está en proceso de engorda. Las pérdidas, reducen el volumen de ésta y la variabilidad de peso depende de los obstáculos vitales. Aunque los hinduistas rechazan lo material como complemento del espíritu, ella lo desniega. Todo radica en la experiencia, en el saber. Escuchó decir en Los Simpsons que entre más inteligente más infeliz eres. Concuerda con esto pero cambiaría la palabra inteligencia por lucidez, que no es exactamente lo mismo. Por tanto la embriaguez reduce la tristeza y casi siempre se le adjudica la felicidad. Y la felicidad es relativa acorde al conocimiento. En su ahora, vivir con una hermana parásito pegada al hombro, no sería, tal vez, la felicidad. Pero desearía cambiar todo este conocimiento por una gira a su lado siendo el freak show de un circo. Vivir en un tráiler juntas y contarle por las noches todos los días. Rehacerle un mundo que ella siente y la otra presiente. Completar, no complementar, junto a Bodhisattva, la esencia, los 21 gramos asignados. Ser la diversión-aberración-morbo de muchos. Pero con ella. Sin cuestionarse todo esto; ¿para qué saber que el amor consiste en la idealización del otro? ¿no sería mejor saber el amor sin saber que estamos idealizando al otro y que éste no es más que un espejo en el que nos quisiéramos ver? Mejor vernos en el espejo y asombrarnos imaginando la duplicidad sin la monotonía que acarrea el conocimiento. No soy yo, ni otro, sino un reflejo. Lo que soy está en mí. La luz está en mí, por consecuencia yo y sólo yo puedo llegar a la iluminación. Esta base filosófica le parece de poca otredad. &lt;br /&gt; Tal vez por eso prefirió evadir esa parte de conocimiento en ella. Nació y creció con el hinduismo fanático que practica su familia; un abuelo que en su visita a la India trajo de souvenir la doctrina más redituable entre la clase alta; quizá poner un negocio. Y quizá la vida sería más llevadera de no saber que la cicatriz en su hombro izquierdo no fue una caída, sino la pérdida de 7.8 gramos de alma. Imagina esto no porque lo haya estudiado, sino porque lo siente. No exactamente en gramos pero sí por la ausencia de algo que reduce el ser. &lt;br /&gt; Por eso evita observar detenidamente a los mutilados, a los incompletos, porque teme cuestionarles. Quisiera responderse pero el conocimiento, el verdadero saber de la ausencia por medio del otro, le traería más problemas. Calla. Prefiere no embriagarse de esa lucidez que sólo la haría más infeliz. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10&lt;br /&gt; —¿Qué tengo en el hombro, papá? Siempre duele.&lt;br /&gt;Silencio.                                                                                                                           Nada.&lt;br /&gt;Por lo tanto, tiene nada.&lt;br /&gt;11&lt;br /&gt;Con la nada en el hombro: el resto de la vida. Mientras nada nada en el bardo esperando. Reconocer la cicatriz igual que Penélope la de Ulises. &lt;br /&gt;Decir que no por nada se vive la vida.&lt;br /&gt;Sino más bien todo es importante. &lt;br /&gt;Porque nada es todo.&lt;br /&gt;Nada nada.&lt;br /&gt;Nada es.&lt;br /&gt;Es ser:&lt;br /&gt;Tú. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12&lt;br /&gt;Le han ocultado la verdad. Once años pensando que la cicatriz del hombro la sufrió cuando niña. Los invitan a un programa especial sobre siameses separados. Mostrarle entonces los recortes de  periódico para no perder la oportunidad de aparecer en televisión nacional. Es que naciste con una hermanita en ti; ella dio su vida para que siguieras sana. Pero ¿dónde está ella? Ella está ahora en un mejor lugar. Quiero estar con ella. No se puede, hija, para eso tendrías que morir. Pues quiero morir. No digas eso. ¿Cómo se llama? Se llamaba Bodhisattva. ¿Como la Bodhisattva de la Medicina? Así es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13.2&lt;br /&gt;La doctora Vasudeva Garza Lombardi observa a sus albañiles colocar bien el nombre, letra por letra, de su laboratorio. La D va antes que la H, les grita. Bodhisattva, repite entre dientes, Bodhisattva. 13.2 gramos se encuentran plenos. En el primer anaquel, su libro, La Compartición de Almas, pues casi ninguna librería aceptó venderlo. Su padre patrocinó la edición, pues tampoco editorial alguna aceptó el dictamen. Les pareció absurda la conclusión de cómo vivir con gramos menos, mientras se espera la muerte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1795023550260982131-5795681956723051216?l=lasafeccionesnarrativas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/feeds/5795681956723051216/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1795023550260982131&amp;postID=5795681956723051216' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/5795681956723051216'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/5795681956723051216'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/2008/09/gabriela-torres-olivares.html' title='Gabriela Torres Olivares'/><author><name>Las afecciones narrativas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11865930094651577520</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SM52i5VYa_I/AAAAAAAAABo/gj4CnKfbaPI/s72-c/gaby2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1795023550260982131.post-5416645048570759222</id><published>2008-09-02T18:09:00.000-07:00</published><updated>2008-09-02T18:15:09.679-07:00</updated><title type='text'>Antonio Ramos</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SL3kdsRK1vI/AAAAAAAAABg/Ygk0Cvtyr1c/s1600-h/tono.gif"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://4.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SL3kdsRK1vI/AAAAAAAAABg/Ygk0Cvtyr1c/s320/tono.gif" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5241596740079638258" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BIOGRAFÍA:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Monterrey, 1977). Ha sido becario del Centro Mexicano de Escritores y de la Fundación para las Letras Mexicanas entre otras instituciones. Su obra ha recibido entre otros premios, el Nacional de Cuento Joven Julio Torri 2005 y el XXV Premio Nacional de Narrativa Joven Salvador Gallardo Dávalos en 2007. Tiene cinco libro publicados, el último se titula Sola no puedo, (ICA, 2008). Actualmente es editor de la colección Contemporáneos, en editorial Jus.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Antonio quiere afectar a:&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Socorro Venegas&lt;br /&gt;Orfa Alarcón&lt;br /&gt;Vicente Alfonso&lt;br /&gt;Nadia Villafuerte&lt;br /&gt;Luis Jorge Boone&lt;br /&gt;Daniel Espartaco&lt;br /&gt;Geney Beltrán&lt;br /&gt;Tryno Maldonado&lt;br /&gt;Jimena Sánchez Echenique&lt;br /&gt;Vizania Amezcua&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;III.- ¿Resulta inevitablemente aburrido el sexo en el matrimonio? ¿Cómo afecta el matrimonio al sexo? ¿Resulta aburrido con el tiempo el sexo en el matrimonio? &lt;br /&gt;Antonio Ramos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo 10 años de casado y mi esposa es una mujer gorda. El sexo no es bueno. Aunque hubo un tiempo que lo amé, ahora no estoy del todo seguro. El sexo para mí se ha vuelto algo casi sarcástico. Sólo imagínenlo. Hubo un tiempo que mi esposa fue una mujer normal. No era gorda, no era delgada, simplemente normal. Le gustaba caminar, le gustaba comer, reír, las cosas normales que a todos nos gustan. En la cama era complaciente y a veces me exigía. Yo no tengo problema con eso. Después tuvimos una larga temporada de mucho trabajo, de muchas preocupaciones y después nació Ricardo. Al nacer pesó casi tres kilos y medio y según sé, eso es mucho. Mi mujer no logró recuperarse de aquel parto. Lo malo con la gordura es que no te das cuenta de ella hasta un buen día. Y así me pasó a mí. Un buen día iba por la calle con un amigo, platicando del último juego de béisbol y vimos a unas chicas que platicaban en un café. Mi amigo me guiñó el ojo y me preguntó: ¿vamos? Era un día caluroso, era sábado, la tarde estaba por delante y asentí. Nos presentamos de una manera informal, cosas de solteros un sábado caliente por la tarde, con la noche por delante y el dinero en la billetera para invitar los tragos. Las chicas nos aceptaron en su mesa. Una se llamaba Gina y la otra Raquel. Estudiaban juntas la carrera de ingeniería. Mi amigo es ingeniero, así que el tema se prestó. Vivían en un departamento cercano y estaban fastidiadas por el calor. Nada interesante ocurre los sábados, sentenció Gina y yo asentí con la certeza de que mis sábados consistían en cargar al niño, en limpiar un poco la casa y en mirar películas en la televisión mientras mi mujer se paseaba con ropa sucia rumbo a la lavadora o trataba de aspirar la casa, jadeando, sudorosa o simplemente se echaba en la cama a leer revistas. Raquel me preguntó a qué me dedicaba y le respondí que era el encargado de ventas de una tienda de productos de televisión. ¿Los has visto? Son los que salen por las noches. La chica hizo un gesto de sorpresa. Claro, claro, cómo no, los he visto, sí, de hecho, hace días apareció una cosa que me gustó, un spa desarmable. Asentí y no sé porqué por un momento, en lugar de querer ligármela quise venderle el producto. Y mientras le explicaba los beneficios, algo hizo Raquel que terminó por detonar en mí la gordura de mi mujer. Raquel extendió el brazo para tomar su vaso con refresco y le vi las muñecas, los brazaletes que parecían salir de aquel brazo esquelético. Fue como si en ese momento me cayera todo el peso de mi mujer en la cadera, como si tronara el coxis hasta el fémur. Miré a mi amigo quien seguía en amena plática con Gina y luego a Raquel quien se había desentendido de mí un momento para reírse por algo que acababa de decir su amiga. Yo sólo veía aquellos brazaletes ahorcando los brazos de mi mujer, la carne apretada por la presión, los gorditos de piel y nada más. Luego los tres soltaron una carcajada pero yo seguía impávido ante tal descubrimiento. Raquel me miró y todo en sus ojos era una invitación. Caray, yo tengo 33 años, me dije, estoy fuerte y ahí estaba una chica casi siete años menor que yo mirándome con cierta coquetería. Cuando terminamos los refrescos Gina y Raquel nos invitaron al cine. Mi amigo aceptó sin consultarme. ¿Hace cuánto que no vas al cine?, me preguntó mientras las chicas iban al sanitario. No lo recuerdo, le respondí, creo que fue antes de que naciera Ricardo. Pues vamos, ni tu mujer ni la mía se darán cuenta. Las chicas volvieron y nos encaminamos al Esmeralda, que está a varias cuadras de distancia. Las chicas eran alegres. Tenía en la mirada esa liviandad que sólo se tiene a los 25 años. Nos reímos de un tipo que resbaló en una esquina, comentamos el último oportunismo de los políticos, mi amigo habló de ir un sábado al estadio a ver un partido y Raquel chilló emocionada porque nunca había ido a un estadio. Todos iban muy amenos pero yo sentía el peso inmenso de mi mujer a las caderas. Casi me costaba moverme. Incluso comencé a sentir asfixia cuando llegamos a las taquillas y pedimos los boletos. Adentro la sensación no desapareció. Para ser sábado por la tarde la sala se encontraba semivacía. Algunas parejas se perdían entre las butacas y un grupo de chicas gritaba escandalosamente en la zona de plateas. Nos sentamos Gina y mi amigo, después yo y Raquel. Durante los cortos sentía mis piernas hundidas en el asiento. A mitad de la película tuve que salir a orinar y era como si tampoco pudiera orinar, como si me hubieran aplastado las vías urinarias por décadas. Recordé la forma que toman los popotes cuando los muerdes. Sólo podía recordar el peso de mi mujer no de una noche, sino de tantas noches atrás. Desde hace tiempo que sólo tenemos relaciones una vez al mes; rápidas, ansiosas y luego cada quien se duerme o vigila el sueño de Ricardo. Hacía un par de meses, recuerdo haberle dicho a mi mujer que había engordado y berreó incontrolablemente y me gritó que si acaso yo pensaba que ella no lo sabía, que ese era su cuerpo, que ella tenía que vivir consigo misma. Me tachó de desconsiderado, me habló de las dietas que no le funcionaban, del ánimo y optimismo con el que iniciaba pero después de cuidar al niño durante el día, de asear la casa, ¿acaso no tengo derecho a un pinche chocolate? ¿A sentarme frente a la tele y comer lo que quiero? Le dije que podría someterse a una operación de by pass gástrico y aquello fue peor aún. Chilló todavía más y cuando levantó el rostro ni modo de no sentirme culpable. ¿Te acuerdas de cómo era?, me preguntó y asentí mientras la miraba ridículamente gorda, enfundada en unos pants viejos y una sudadera manchada de comida. ¿Sí te acuerdas de cómo era yo?, me gritó, fue a la recámara y regresó con una tanga (su y mi preferida) y me lanzó a la cara. La recordé como era y me acerqué como debe de ser: un abrazo de contención, de limpieza sentimental. No hablaríamos nunca más de un by pass gástrico. Esa noche tuvimos que hacer el amor. Así había permanecido ciego ante la gordura de mi mujer hasta hacia unas horas. Cuando volví a la sala el peso en las piernas se había extendido por todo el cuerpo. Me senté casi asfixiado junto a Raquel quien de inmediato me tomó la mano. No hice por quitarla y antes de que terminara la película ya nos besábamos pero yo seguía sintiéndome pesado, una roca. La casa donde vivían las chicas estaba, como ellas lo habían dicho, relativamente cerca del cine y del café donde las habíamos encontrado. Era blanca y limpia, minimalista. Me pareció sorprendente que tuvieran la vida tan al alcance de la mano, resuelta en tan pocas calles. Mi amigo y yo compramos unas botellas y condones y aunque no era la primera vez que engañábamos a nuestras esposas yo sentía por primera vez algo de culpabilidad, porque era la primera vez desde que lo hacía ya con un hijo en casa, con una sensación molesta de que también lo engañaba a él. Gina colocó un disco y seguimos platicando mientras Raquel abría una bolsa de papas y cacahuates, aprovechando la cercanía para dejarme ver la curvatura de sus nalgas. Tenía una belleza fresca, un desparpajo natural. Todo en ella era liviano. Me dijo que no pensaba seguir más tiempo en la ciudad. A lo más, un par de años y se mudaría a otra parte. No soy mujer que se ate, me susurró tibiamente en la oreja. Tenía esa sensibilidad y aire juvenil que sólo dan ganas de corromper. Durante un tiempo yo pensé justo eso de mí. Mujeres, ¿qué resume esa palabra? Sin ir más lejos, cogimos una hora después. Cogimos en su recámara y sobre la taza del baño. Cogimos en el piso y recargados a la pared, soportando su exiguo peso con mis brazos. Con ella era como recuperar un equilibrio, como si por primera vez la balanza hubiera regresado a su lugar. Recordé la primera vez que cargué a una mujer y sólo sentí placer al hacerlo. Los gritos de Raquel me sonaba casi salvajes y la forma como me trenzaba con las piernas y la manera como me apretaba los brazos eran igual de fresca y su olor no era ácido, sino muy limpio, tenía ese sabor delicioso de la piel nueva. Con ella recuperé aquel amor por el sexo, no por la mujer en sí, sino por hacerlo, ese amor apresado por las carnes de mi mujer. Por un momento pensé en no irme pero luego me dije: ¿para qué? Cuando terminamos, Raquel dijo que prefería quedarse en su habitación y ya no salir. Mi amigo me esperaba en la sala, sentado en el sofá, traía un vaso con ron en una mano y en la otra una revista de chismes de la farándula. Me senté junto a él y no dijimos nada. Me serví ron en otro vaso y estuvimos aún una media hora hasta que Gina salió y dijo que ya debíamos irnos. Afuera nos recibió una madrugada cálida. Caminamos hasta encontrar un taxi y cuando llegué a la casa vi a mi mujer dormida casi al centro de la cama. No hice por despertarla. Al día siguiente me dijo que había tomado demasiados somníferos durante la tarde, aprovechando que su madre se había llevado a Ricardo para cuidar de él el fin de semana. Al día siguiente encontré a mi mujer feliz, emocionada por esa vuelta a la vida antes de la maternidad al menos por un par de días. Salimos a caminar por la tarde, poco, pero ella quería hacerlo, sentir de nuevo el ejercicio físico. Nos tomamos de la mano y me sentí de nuevo como un hombrecillo junto a la mujer gigante. Me dio vergüenza verla engullir una helado doble y ni pude terminarme el mío. Por la noche hicimos el amor. Ya se lo han de imaginar. Al siguiente fin de semana volví a buscar a Raquel pero de su departamento salían risas y al parecer daban una fiesta. No hice por tocar. Regresé a casa y estuve esa noche intentando dormir a Ricardo pero no se dejaba y sus berridos me recordaban el fin de semana anterior. No volví a ver a Raquel en un buen rato, ni a mi amigo,  pero una tarde la encontré en la calle. Yo iba con mi voluminosa mujer y mi hijo en brazos. Creo que a Raquel le dio vergüenza y asco verme así, de esa manera. En sus ojos se reflejó lo que yo nunca había querido ver, lo que yo era con una mujer así al lado. Pasamos a un lado suyo y Raquel alcanzó a rozar mi mano con sus dedos, como una llamada de auxilio o de terror o de darse cuenta de con qué tipo de hombre se había acostado o darse cuenta que ella estaba a salvo, a salvo en su juventud, sin hijos ni maridos que cambiaban al mes de casados. A salvo, simplemente. Yo no sé porqué lo hice, pero no volví a verla aunque aquel roce de sus dedos me fue calentando la mano hasta enfriarla. Pasé el brazo por la cintura ¿? de mi mujer. Y no sé porqué no la solté en todo el camino hasta que llegamos a casa. No la solté como si fuera aferrado a mi miedo. Como si estuviera manteniéndome a salvo de alguna manera, justo, en la grasa más profunda.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1795023550260982131-5416645048570759222?l=lasafeccionesnarrativas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/feeds/5416645048570759222/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1795023550260982131&amp;postID=5416645048570759222' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/5416645048570759222'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/5416645048570759222'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/2008/09/antonio-ramos.html' title='Antonio Ramos'/><author><name>Las afecciones narrativas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11865930094651577520</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SL3kdsRK1vI/AAAAAAAAABg/Ygk0Cvtyr1c/s72-c/tono.gif' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1795023550260982131.post-84583871935556591</id><published>2008-08-30T20:15:00.000-07:00</published><updated>2008-08-30T20:29:50.747-07:00</updated><title type='text'>Liliana V. Blum</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SLoQE9zNKSI/AAAAAAAAABY/zxQu9p9O4_U/s1600-h/LilianaBlum.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SLoQE9zNKSI/AAAAAAAAABY/zxQu9p9O4_U/s320/LilianaBlum.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5240518793893849378" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;BIOGRAFÍA:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Durango, 1974) es autora de La maldición de Eva (Voces de Barlovento, 2002), ¿En qué se nos fue la mañana? (Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2007), Vidas de catálogo (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2008), The curse of Eve and other stories, traducción de Toshiya Kamei (Host Publications, 2008) y de El libro perdido de Heinrich Böll (Editorial Jus, 2008). Está incluida en las antologías Atrapadas en la madre (Alfaguara, 2007) y El Espejo de Beatriz  (Ficticia Editorial, 2008). Sus cuentos traducidos al inglés por Kamei han sido publicados en revistas impresas y electrónicas, como Literal : Latin American Voices, Words Without Borders, Monkeybicycle, Farfelu, MsLexia, The Pedestal, entre otras. Vive en Tampico desde 1997 y se asume escritora tamaulipeca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Liliana quiere afectar a:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gabriela Torres Olivares         &lt;br /&gt;Eve Gil                                     &lt;br /&gt;Ana García Bergua&lt;br /&gt;Cristina Rivera Garza             &lt;br /&gt;Daniel Espartaco Sánchez      &lt;br /&gt;Ernesto Murguía                      &lt;br /&gt;Antonio Ramos                        &lt;br /&gt;Julio Pesina            &lt;br /&gt;Carlos Gonzpalez Muñíz               &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_______&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Un pescado sin bicicleta                                                             &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        "¿Te acuerdas de la leche podrida?" le digo a mi hermano, que asiente sin dejar de mirar el camino. Vamos en mi carro rumbo al hospital para ver a mi madre, pero él maneja, supongo que por costumbre. Siempre fui la hermana pequeña a la que había que cuidar y ayudar sobre todas las cosas. Mi hermano cargaba mi mochila, era mi tutor de matemáticas y el que me llevaba un vaso de agua a cualquier hora de la noche. Desde luego papá lo obligaba.&lt;br /&gt;    "Ella creía que era yogurt," dice y da un sorbo de su botella de agua. Nunca ha bebido café ni usa drogas ni toma alcohol.  Los vicios no es el único terreno en el que no muestra solidaridad conmigo. &lt;br /&gt;    "Nadie cree que la leche podrida se convierte en yogurt."&lt;br /&gt;    "La leche inoculada con los bacilos se vuelve ácida. Entiendo que mamá se haya confundido."&lt;br /&gt;    Entre lo dones de mi hermano Roberto no está el de la conversación. Nunca llama por teléfono y rara vez contesta los correos electrónicos. En persona, las palabras las entrega a cuentagotas, como si le dolieran, y generalmente son datos técnicos o respuestas monosilábicas. A menos que se trate de defender a mamá, claro. No importa que haya sido ella la que lo obligó por años a beber leche rancia durante el desayuno. &lt;br /&gt;    "¿Ya se te olvidó como te pegaba si la escupías en el fregadero?"&lt;br /&gt;    "Eran los ochentas. No podía darse el lujo de tirar por el drenaje un litro de leche."&lt;br /&gt;    "¿O sea que ella no hizo nada malo?"&lt;br /&gt;    "Nunca fue su intención. Al contrario."&lt;br /&gt;    Prendo la radio y sintonizo una estación donde varias personas comentan las vidas privadas de actrices de temporal. Ahora los dos miramos hacia el frente con la misma obstinación infantil de hace tantos años. Podría retacarle las narices con anécdotas a manera de evidencias, pero él va a encontrar una forma de excusarla. Papá, casi siempre de viaje, no estaba al tanto de aquellas batallas lácticas; cuando yo se lo conté, ella dejó de obligarme a tomar esa leche, pero Roberto siguió siendo su víctima, no sé porqué.&lt;br /&gt;    Mi hermano cambia de estación y encuentra una melodía que le permite tamborilear los dedos sobre el volante y cantar solamente con los labios. Yo me como la dona de chocolate que llevaba en una bolsa de papel estraza. Necesito sobornarme a mí misma para ir a visitarla, igual que hacía ella cuando era tiempo de vacunarnos. Yo iba aullando todo el camino hasta el consultorio hasta que ofrecía comprarme un dulce. A mi hermano, en cambio, le explicaba las bondades de las inoculaciones. Es por tu bien, y él extendía su brazo sin llorar. Aunque yo era yo la de la boca llena de chocolate, tenía la sensación de que me privaba de algo. &lt;br /&gt;    Sorbo ruidosamente mi café sobrepreciado porque sé que Roberto detesta ese sonido. El sigue llevando el ritmo sobre el volante, como si nada, pero cuando entramos al estacionamiento del hospital, enfrena con la fuerza necesaria para que el mokachino doble se derrame sobre mi blusa y las vestiduras del carro.&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La habitación huele a químicos de limpieza, pero hay un olor que subyace: el de mi madre. Es una combinación de flores marchitas, Channel y de orines con penicilina, si no es que algo peor. Roberto parece no percibirlo y se lanza a la cama para besarla. Tiene la piel colgada y casi transparente. Yo me paro cerca y le pregunto cómo se siente, pero ella me tiende los brazos y debo inclinarme para que me abrace, soportando el repollo agrio de su boca. &lt;br /&gt;    "Reina, te ves muy bonita con esa ropa", me dice. Yo miro mi blusa con manchas de café y demasiado ajustada sobre mis pechos. A veces me es imposible encontrar brassieres de mi tamaño en México y tengo que esperar a que Roberto vaya a la frontera. Allí hay un mercado de vacas como yo. Como papá lo entrenó para jamás negarme un favor, me los trae invariablemente. Lo imagino caminando entre los pasillos llenos de mujeres, titubeando mientras revisa tallas, texturas, colores. Alguna dependienta le pregunta si busca algo para su esposa o su novia, y él humillado confiesa que quiere un 38-DD para su hermana en satín color beige.&lt;br /&gt;    "Está sucia y me aprieta, ya lo sé." &lt;br /&gt;    Mi madre no me oye porque está contándole a Roberto toda la faena de convalecencias del día anterior. La internaron hace un par de semanas por unos dolores en el vientre que resultaron ser tumores en los ovarios.  Hubo una cirugía que la dejó hueca y ahora está en observación. Con el peso que perdió recientemente está más delgada que nunca. Y sin embargo, tiene el ánimo para hacerme sentir mal por ser como soy. Pero si lo traigo a colación, Roberto dirá que ella nada más me hacía un cumplido y que yo estoy siempre a la defensiva.  &lt;br /&gt;    Una enfermera entra a tomarle los signos vitales y a darle algunos medicamentos. Mi madre se deja hacer, dócil, con esa sonrisa débil y dulce que tiene para los extraños y que jamás me dedicó a mí. Me hundo en el sillón de las visitas y una oscuridad amarga me envuelve. Mi hermano se acerca a mí y susurra que mi madre necesita privacidad: van a cambiarle las sábanas y a bañarla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la cafetería Roberto compra un jugo y un café americano para mí. Luego salimos para que yo fume. Mi hermano se sienta en una banca cercana, a pesar de que mi humo le irrita la garganta. &lt;br /&gt;    "¿Te acuerdas que cuando nos quedábamos solos brincábamos a las camas desde arriba del clóset?"&lt;br /&gt;    "Claro que me acuerdo", dice y trata de limpiar el aire agitando una mano. &lt;br /&gt;    "¿Y cuando salíamos por el balcón y gateábamos sobre la barda del patio de atrás?" &lt;br /&gt;    Él me dedica esa mirada de ya-sé-adonde-va-esto y después asiente.&lt;br /&gt;    "También recuerdo que jugábamos en la calle con otros niños hasta que oscurecía. Eran otros tiempos, Elsa."&lt;br /&gt;    Cierto. Eran los tiempos en que la obesidad infantil era más bien una rareza. Si yo fuera niña hoy, pasaría como parte de las estadísticas de niños con sobrepeso y en peligro de tener diabetes, pero nadie se volvería a mirarme por la calle. En ese entonces yo era "la" gorda del salón que desarrolló su cuerpo para el cuarto año de primaria y tuvo la menstruación para el quinto. Yo era el blanco de las bromas de los niños y la que recibía los comentarios soeces de los albañiles en la calle. Según mi madre, no debía contestarles a los que me gritaban cosas. No te bajes a su nivel. Lo digno es ignorarlos. Pero yo no me sentí digna jamás. Mi cuerpo era mi vergüenza. No importa que intentara apretarme el pecho o caminar encorvada. Tener glándulas mamarias era denigrante, aunque luego aprendí que era peor no tenerlas.&lt;br /&gt;    "Entonces tuvimos suerte de que no nos pasara nada", digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando regresamos a la habitación de mi madre, la encontramos dormida. Tiene la boca entreabierta y respira inquieta. Hay un ligero olor a vinagre en el ambiente. El doctor abre la puerta y nos hace una señal para que salgamos. Nos informa que es un hecho que mi madre tiene cáncer y que aunque han retirado los tumores, el mal ya se ha esparcido a otras partes de su cuerpo. Roberto es el que hace preguntas acerca de los tratamientos, la mitigación del dolor, otras opciones.&lt;br /&gt;    "¿Y cuánto tiempo le queda?", interrumpo.&lt;br /&gt;    El médico y Roberto me dedican una mirada que pasa en segundos de la sorpresa al desprecio. Desde luego, es algo que cualquiera se cuestiona cuando se le informa de la enfermedad terminal de un pariente, pero poner palabras a esa duda es como empujar a alguien desnudo al frente de un escenario. A mi hermano y al hombre de la bata blanca, con todos sus estudios, sus matrimonios, sus hijos, sus casas que funcionan porque hay una mujer a cargo, les resulta muy fácil juzgarme por la pregunta. En su mundo masculino nada es más lógico que la soltera se ocupe de la madre moribunda. Para ellos soy una hija genérica, nada más. No conocen la bodega llena de maletas sentimentales que ambas guardamos. Están llenas de moho, polvo y rencor.&lt;br /&gt;    La noche en que mi papá moría de un infarto en la cocina, yo estaba encerrada en mi cuarto viendo mi programa favorito de detectives forenses y comiendo helado, mi madre  se debatía en un juego de canasta en casa de alguna de sus amigas de los jueves y mi hermano estudiaba en el extranjero. En realidad fue muy cómodo para todos. Por eso pensé que con ella sería igual. &lt;br /&gt;    "Depende de su respuesta al tratamiento", dice el doctor y antes de irse dedica una mirada rápida a mi blusa. Mis pezones me han traicionado con el aire frío del pasillo y se levantan por debajo de la tela. &lt;br /&gt;    Regresamos a la habitación y yo me dejo caer en el sillón que se hunde, escondiéndome a mí y a estas montañas de vergüenza. Roberto se sienta junto a la cama de mamá y la observa dormir. Luego se pasa la mano por el cabello y sus dedos dejan los surcos amplios de la calvicie inminente. Por primera vez lamento no tener un esposo junto a mí, un par de niños a quienes cuidar, una excusa para dividir más equitativamente la agonía que viene. Mi sobrepeso y mi soltería han sido los eternos disparadores de las peores peleas entre mi madre y yo. Necesitas un hombre que te cuide, su cantaleta de siempre. El subtexto era que ni mi hermano ni mi padre estarían por siempre junto a mí y yo era, después de todo, una gorda inútil y consentida. Cuando tuve mi etapa feminista, porque la tuve, como todas, le dije que una mujer sin un hombre es algo tan trágico como un pescado sin una bicicleta. Recuerdo que lo leí en alguna revista. Ella se quedó mirándome desde su 1.70 de estatura y sus cincuenta y cinco kilos, con su maquillaje perfecto, y me preguntó: ¿pero qué haría el pescado si se le descompone la bicicleta? De todas maneras necesita un hombre.&lt;br /&gt;    Roberto dice que él puede pasar a visitar a mamá todos los días después del trabajo y pedir permiso cuando haya que llevarla a las sesiones de quimio, pero que lo mejor será que se quede conmigo. Además, ésa es la casa de mi madre, y ¿en dónde iba a sentirse más cómoda? &lt;br /&gt;    Mi silencio es una forma de aceptación tácita, como cuando peleábamos y ella nos obligaba a pedirnos perdón. Mi hermano era capaz de hacerlo, pero yo miraba el piso obstinadamente sin decir nada. Entonces él se acercaba a mí y decía quedito, ¿verdad que me perdonas, Elsa? y yo movía apenas mi cabeza, apretando los puños, mientras las lágrimas escurrían hasta el piso.&lt;br /&gt;    Cuando vamos en el carro de regreso, abro un poco el vidrio para que salga el humo del cigarro. Roberto se voltea y me dice:&lt;br /&gt;    "Yo jamás les daría a mis hijos leche agria."&lt;br /&gt;    Sin querer, sonrío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del libro Vidas de catálogo (FETA, 2007)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1795023550260982131-84583871935556591?l=lasafeccionesnarrativas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/feeds/84583871935556591/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1795023550260982131&amp;postID=84583871935556591' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/84583871935556591'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/84583871935556591'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/2008/08/liliana-v-blum.html' title='Liliana V. Blum'/><author><name>Las afecciones narrativas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11865930094651577520</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SLoQE9zNKSI/AAAAAAAAABY/zxQu9p9O4_U/s72-c/LilianaBlum.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1795023550260982131.post-6454919112502113217</id><published>2008-08-18T10:55:00.000-07:00</published><updated>2008-08-18T11:25:45.826-07:00</updated><title type='text'>Will Rodríguez</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SKm-o24r3wI/AAAAAAAAABQ/AvDtBsWPUn8/s1600-h/Will24.TIF"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SKm-o24r3wI/AAAAAAAAABQ/AvDtBsWPUn8/s320/Will24.TIF" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5235925650932227842" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BIOGRAFÍA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Mérida, Yucatán, 1970). Narrador. Licenciado en Ciencias de la Comunicación. Becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes 1997-1998. Mención Honorífica en el Certamen Literario Internacional Xicóatl (Austria, 1996) y en el Concurso Nacional de Cuento de Diversidad Sexual (Jalisco, 2003). Premio Estatal de Literatura Volvamos los ojos al mar 1999. Beca Juan Grijalvo-Conaculta 1999 Seminario de Introducción al mundo del libro y la revista. Colabora en revistas y suplementos culturales del país. Ha publicado Catarsis de mar (La tinta del alcatraz, Col. La hoja murmurante, 1997), Sueños de agua (Letras de Pasto Verde, 1998), Supervivencia del insecto (Tintanueva, 2000), La línea perfecta del horizonte (Tierra Adentro, 2000 y 2005) y Pulpo en su tinta y otras formas de morir (Ficticia/ICY, 2007); en coautoría, Litoral del relámpago (Ediciones Zur, 2003), Acequias de cuentos (UIA-Laguna, 2003), Nuevas voces de la narrativa mexicana (Joaquín Mortiz/Planeta, 2003), Novísimos cuentos de la República mexicana (Tierra Adentro, 2004) y La otredad (ICY, CYE, CAIYAC, 2006). En julio de 2008 saldrá su primer libro de cuentos publicado en España, Felis Bernandesii, Panthera Onca, editado por Aullido Libros. Radica en la ciudad de México.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Will Rodríguez quiere afectar a :&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gerardo Sifuentes &lt;br /&gt;Alberto Chimal &lt;br /&gt;Bernardo Fernández &lt;br /&gt;Socorro Venegas &lt;br /&gt;Pepe Rojo&lt;br /&gt;Fernando Fabio&lt;br /&gt;Alberto Cascante &lt;br /&gt;Juan José rodríguez &lt;br /&gt;Rafa Saavedra  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Noches de luna descendente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la memoria de Cynthia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se anuncia la tercera llamada y la gran lámpara cenital del Teatro Peón Contreras se apaga. El telón se abre en dos y un cono de luz enfoca al piano de cola y al maestro ejecutante que interpreta el Opus 64, número 2, de Chopin. Otro proyector alumbra la parte alta del escenario para, diez metros arriba, descubrir a la bailarina que lentamente desciende sentada en un columpio. Lleva un traje blanco con aplicaciones de hilo plateado y falda de tul que corona a unas piernas estilizadas y fuertes, como esculpidas en mármol. Su rostro refleja una calma comparable al canto de los grillos en noche recién llovida. El maestro sigue tocando. La terpsícore continúa su descenso hasta quedar parada encima del piano y concluye la música con un delicado trazo de ballet, sentándose en la fresca negrura del ébano. El pianista se levanta y la ayuda a bajar del instrumento. Ella le agradece con un gesto amable y señalándolo con ambos brazos. El público aplaude. Entonces él se retira y Sylvia toma su lugar al piano para interpretar otro hermoso vals de Chopin (Grande Valse Brillante Opus 18)… Fue como si la luna hubiera aterrizado para compartir su magia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Francisco saca del bolsillo de su pantalón las últimas monedas que le quedan y se dirige al teléfono público frente a su casa, al sur de la ciudad. Marca el número que sabe de memoria y espera que le contesten.&lt;br /&gt; —Sí, bueno, ¿seño Elia? Soy Francisco Cruz. Quería avisarle que no podré llevarle su dinero... Es que me ganaron la chamba que me habían ofrecido y ahorita no tengo ni para la comida… Sí, seño, ya sé que son seis meses, pero le aseguro que no he parado de buscarle… No, seño, por favor… Es lo único que tenemos y ni siquiera está a mi nombre, es de mi suegra que vive con nosotros, ya se lo he dicho, ella sólo me hizo el favor de darme su aval… ¿Una semana? Y qué voy a hacer en tan poco tiempo, sólo que pida un adelanto si encuentro trabajo, pero le digo que… Seño, usted me dijo que su negocio era dar dinero al interés, no quitar propiedades; qué voy a hacer ahora, Dios mío…&lt;br /&gt; La comunicación se corta y una semana después Francisco, su esposa, los cuatro niños y la suegra son desalojados de la casa, prácticamente a la fuerza, pues no procedió el embargo mobiliario ante el escaso valor de sus pertenencias. Con todas las de la ley, con la policía y el notario de por medio, la propiedad pasa a manos de la señora Elia Ancona de Grajales. Francisco ve atemorizado cómo echan sus muebles, hamacas y trastes a la calle. La esposa y los niños, llorando, recogen del suelo las sábanas y ropas que en disimulado orden son acomodadas en la acera. &lt;br /&gt; Entonces Francisco, humillado, impotente, se va sin saber adónde, ni por cuánto tiempo. Para él no hay manera de dar la cara a su familia: no tiene pretextos, no tiene dinero, no tiene vergüenza, no tiene nada… Y así, sin una moneda en el bolsillo, acelera el paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;III&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sylvia está sentada en una de las mesas de la cafetería del Centro de las Artes, hojeando unos bocetos de vestuario. Falta media hora para que inicie la clase vespertina del lunes. La encargada se acerca para darle el refresco de medio litro que pidió.&lt;br /&gt; —Maestra Sylvia, muchas felicidades por tu presentación. Leí en el periódico que estuviste genial. No sabía que tocabas el piano. ¿Vas a volver a presentar ese número? Me muero de ganas de verlo.&lt;br /&gt; —Gracias, Marta. La verdad es que estaba muy nerviosa: bajar en ese columpio de tan alto… Pero finalmente todo salió muy bien y es posible que programen los “Soliloquios” para el festival de otoño. Yo te consigo una cortesía, pero me vas a felicitar al camerino cuando termine la función, ¿okey?&lt;br /&gt; —Claro que sí, linda, y te voy a llevar un ramo de flores.&lt;br /&gt; Sylvia se ríe y la encargada regresa al mostrador de la cafetería. Suena el celular de la primera y antes de contestar reconoce el número de Arturo, su novio.&lt;br /&gt; —Hola amor… Esperando que lleguen mis alumnas… ¿Al cine? No sé, hoy vamos a salir más tarde; sabes que estamos en las últimas de “La sílfide…” Por qué no vamos a la función de nueve; así me da tiempo de bañarme aquí y… Okey. Te espero en la entrada para que no tengas que estacionarte… Igual. Beso.&lt;br /&gt; Antes de levantarse de la mesa, Sylvia recuerda el pleito de sus padres en la mañana. Esta vez no se trataba de otra discusión de tantas, sino de algo más fuerte: el señor estuvo a punto de darle una bofetada a la señora, y ésta lo corrió de la casa en medio de ofensas hacia su incapacidad para el trabajo y poniéndole fin a los años qué él vivió a sus costillas. Sylvia tuerce la boca, se levanta y, al pagar en el mostrador, le pide a Marta un vaso desechable para llevarse lo que queda de su refresco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IV&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La señora Elia está en la cocina viendo la telenovela mientras disfruta de su soledad, de un chocolate caliente y de unas galletas con queso holandés y pasta de guayaba. Afuera la noche se despeja después del chubasco. Algunas nubes veloces atraviesan a la media luna; es como si ésta descendiera. Los grillos aceleran su canto. Alguien toca la puerta. Ella abre y, al hacerlo, se encuentra con ese rostro demacrado y esa mirada de odio.&lt;br /&gt;—Qué quieres, ¿No ves que ya es muy tarde? —reclama e intenta cerrar de un portazo, pero la mano del hombre la empuja tan fuerte que la señora cae al piso. &lt;br /&gt;El hombre entra a la casa, cierra la puerta y con un brazo le enrosca el cuello, y la arrastra por la sala y el comedor hasta llegar al estudio. La señora no puede gritar, ni defenderse, ante tal fuerza; siente que se asfixia y pierde el conocimiento. El hombre comienza a hurgar en el escritorio, los libreros y hasta en el piano en busca de algo que pueda solucionar sus problemas. Entonces doña Elia empieza a moverse en el piso y él sale corriendo del estudio y revisa la planta baja, revolviéndolo todo, hasta encontrar un martillo. Cuando regresa, ella se ha incorporado y a duras penas se dirige al teléfono que está encima del escritorio, pero el martillo la golpea con potencia cuatro veces, destrozándole el cráneo. Se percibe el ruido de un automóvil que ingresa a la propiedad con dirección al garaje. El hombre, nervioso, abraza el cuello del cadáver y, sin soltar el martillo, lo arrastra hasta el baño de visitas en un intento inútil por ocultarse, pues el desorden está por todos lados y la sangre traza un camino con todo y huellas de zapatos. &lt;br /&gt;Sylvia y Arturo entran a la casa y al ver la escena, ella grita:&lt;br /&gt;—Mamá, que pasó aquí&lt;br /&gt;Nadie le responde. Sylvia sube corriendo las escaleras hacia la recámara de su madre. Arturo revisa las estancias de la planta baja, sin suponer todavía de lo que se trata, y al abrir la puerta del baño de visitas se topa con el hombre que intenta darle con el martillo, pero logra tomarlo del antebrazo y, así, comienza el forcejeo; con tanta sangre en el suelo ambos resbalan y caen, lo cual aprovecha el intruso para darle al contrincante un martillazo en el ojo y otro en la cabeza. Desde la planta alta, Sylvia percibe los ruidos y baja corriendo para encontrarse con su novio tendido en el piso; también ve al monstruo parado, cubierto de sangre y detrás el cuerpo inerte de su mamá. Ella trata de gritar pero no puede, se ha quedado sin voz y su corazón late demasiado a prisa como para intentar cualquier cosa. El hombre la contempla confundido por un par de segundos y, finalmente, se aproxima y le asesta cinco martillazos en la frente hasta que los trozos de cerebro se impactan contra la pared. Se arrodilla junto a la terpsícore asesinada y suelta el arma; cierra los ojos, baja la cabeza y llora. Luego se levanta y registra de nuevo la casa, esta vez con más calma, hasta llenar tres bolsas grandes de basura con objetos valiosos y documentos posiblemente útiles. Por último va a la cocina y disfruta de su soledad, un chocolate tibio y unas galletas con queso holandés y pasta de guayaba. La televisión transmite el noticiero. Afuera, la noche se apenumbra. Las nubes han vuelto y esconden la luna, como si no existiera. Los grillos interrumpen su canto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;V&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha pasado un par de meses desde aquella noche trágica. La policía, ante la inusitada presión del gobernador, la comunidad artística y la sociedad en general, agotó por fin las pesquisas en torno a tres móviles: el deudor vengativo, el esposo despechado y el ladrón violento. Sólo hace falta la última diligencia para corroborar el resultado de los exámenes forenses. En la agencia del ministerio, Arturo, sin un ojo y todavía convaleciente de las intervenciones médicas, permanece sentado frente al asesino. El juez le pregunta si lo reconoce y él contesta:&lt;br /&gt;—Sí, es él..&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1795023550260982131-6454919112502113217?l=lasafeccionesnarrativas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/feeds/6454919112502113217/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1795023550260982131&amp;postID=6454919112502113217' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/6454919112502113217'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/6454919112502113217'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/2008/08/will-rodrguez.html' title='Will Rodríguez'/><author><name>Las afecciones narrativas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11865930094651577520</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SKm-o24r3wI/AAAAAAAAABQ/AvDtBsWPUn8/s72-c/Will24.TIF' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1795023550260982131.post-8116765402091013890</id><published>2008-08-18T07:00:00.000-07:00</published><updated>2008-08-18T10:32:52.382-07:00</updated><title type='text'>Jénnifer Ádcock</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SKmB6PKSzYI/AAAAAAAAAAw/zxTSgY-i99s/s1600-h/jane-monito.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SKmB6PKSzYI/AAAAAAAAAAw/zxTSgY-i99s/s320/jane-monito.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5235858879297015170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;strong&gt;BIOGRAFÍA&lt;/strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nació en Monterrey en 1982. Escribe poesía y prosa en inglés y en español, y hace música y traducciones. En 2000 ganó el Concurso Nacional de Cuento Interprepas, que le otorgó una beca para estudiar Letras Españolas en el ITESM. Fue becaria del Centro de Escritores de Nuevo León en 2006, e integrante del grupo post-punk Ruidos en el Techo, ayudando a dirigir el sello independiente Nene Records. Actualmente trabaja en un proyecto de música dada folk, al igual que estudiar una maestría en creación literaria en la Universidad de Glasgow. Ha publicado principalmente en su blog, www.jennivora.blogspot.com.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jénnifer Ádcock quiere afectar a: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paco Morales Hoil&lt;br /&gt;Adrián Herrera&lt;br /&gt;Juan Carlos Godillo &lt;br /&gt;Fernanda Melchor &lt;br /&gt;Julián Iriarte &lt;br /&gt;Nohemí Zavala &lt;br /&gt;Gabriela Torres Olivares &lt;br /&gt;Fernando Mol Treviño &lt;br /&gt;Dulce María González &lt;br /&gt;Felipe Montes &lt;br /&gt;Will Rodríguez&lt;br /&gt;-----&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;GARGANTÚA&lt;br /&gt;(fragmento)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevaba semanas despertándome en la noche por el dolor de oído. Es por dormir toda torcida, pensaba, empieza otra vez. Y me levantaba para sacudir la almohada y estirar las sábanas, volvía a acostarme derechita, cerraba los ojos y respiraba hondo: no es dolor, es un sonido naranja, calentito; no es dolor, es la víspera de una fiesta; no es dolor, es un agua de horchata, con hielo y canela; no es dolor, es una nube que arrulla. Y así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que un día lloriqueé tan fuerte que José mi vecino se tuvo que trepar por la ventana para llevarme al doctor a que me abrieran. &lt;br /&gt;Dentro de mi oreja encontraron el frijol que me había escondido cuando tenía tres años, rescatándolo de la cruel comida que preparaba mamá. Yo era el verdugo, era mi deber llevar los frijoles, uno por uno, desde el floreado y pegajoso mantel de plástico hasta la olla con agua donde habrían ser cocinados vivos. Y ten cuidado de dejar fuera todas las piedritas, pero ¿por qué habrían de importarme las piedritas? Nosotros, humanos malos, deberíamos de comer piedras en lugar de andar matando a los pobrecitos frijolitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya se me había olvidado aquel heroico acto de compasión, y ahora el frijol comenzaba por fin a germinar. Resulta que lo estuve empollando, durante casi la totalidad de mi existencia, cerca de la entrada de la trompa de mi Eustaquio (que es el conducto que lleva la música a la faringe, según me explicó el doctor).&lt;br /&gt;–Tendremos que matarlo –me dijo el batiblanco, balanceando su bisturí peligrosamente cerca de mi pequeño.&lt;br /&gt;–Por favor, ¡no le haga daño! –supliqué–. Quisiera ponerlo en una maceta, a ver si se anima a seguir creciendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Deberías ponerle «Gargantúa» –me dijo José, ya de regreso en la casa. Mi pequeño estaba bien arropado en un pedazo de algodón húmedo en un bote de vidrio en la cornisa de la ventana de la cocina.&lt;br /&gt;–¿Por qué Gargantúa?&lt;br /&gt;–Gargantúa es un célebre personaje de Rabelais. También fue parido por la oreja de su madre.&lt;br /&gt;–Me parece un poco raro. ¿No se habrá equivocado el señor Rabelais? Más bien debería haber sido «Orejúa», me parece a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante su infancia pre-plantación Gargantúa y yo fuimos más felices que nunca. Su incubador era tan práctico que no tenía que quedarse solo cuando yo salía. Le gustaba ir en la canasta de mi bici, o en el coche, especialmente por carretera. Hasta le hice un cinturón con cinta métrica y tantito resistol cinco mil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya dime, ¿te llamas Gargantúa?&lt;br /&gt;Mi pequeño dijo “Sí.” No sé muy bien cómo pude entender lo que decía. Me imagino que es esto de ser madre. Es imposible que un frijol germine su primer brazo por tu oído, buscando el sol, sin que hagas una conexión mágica con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las plantas no son nómadas por naturaleza, y al fin comprendimos que más valdría no movernos tanto. Yo tuve que aprender a estarme quieta. Nunca antes me había dado cuenta de lo mucho que se mueve la gente durante el día. Se sientan solo para volverse a parar en pocos minutos. Toda mi vida he andado para arriba y para abajo, como burro sin mecate. Que si llevando esto o trayendo aquello, como si los objetos necesitaran siempre estar en otro lugar; que si yendo a ver a fulanito o hablando con menganito, o logrando esto o fracasando en esto otro, como si eso cambiara algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empecé por quedarme más rato a la mesa después del desayuno, con Gargantúa en mi regazo, sin estar segura de qué hacer. Me acordé de un libro que me enseñó José hace mucho, decía que sentarse quieto con los ojos cerrados observando la propia respiración cura todo tipo de males: ansiedad, asma, sobrepeso, falta de dinero, incluso el cáncer. Así me quedaba, con los ojos cerrados y concentrándome en mi inhalación y exhalación, pero después pensé que lo mejor sería alargar lo más posible el acto de desayunar, tardándome siglos en untar la mantequilla en el pan tostado, hirviendo la leche al fuego más lento, incluso apagando la llama a intervalos, y platicando a gusto con Gargantúa entre mordidas y sorbos diminutos. Le hablé a unos albañiles y mandé poner una silla-baño en el comedor, no me movía nunca, y así iba alcanzando la perfección. Con la práctica logré durar hasta la hora de la comida sin levantarme una sola vez, y luego hasta la cena y hasta el desayuno otra vez, comiendo de apoco, dialogando. Mi mente estaba clara, mi respiración era pausada, mi panza se hacía más grande y redonda, dejé de necesitar este mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No puedes seguir así para siempre. Además, sabes que un día tendrás que plantarlo, ¿no? –me dijo José un día.&lt;br /&gt;-Claro que lo sé, ¿qué clase de madre crees que soy? -dije, un poco a la defensiva pues en realidad no me había puesto a pensar en ello desde el día en que rescaté a Gargantúa de las asesinas manos del batiblanco.&lt;br /&gt;-Hijito, -le dije a mi pequeño esa misma noche– pronto vendrá el día en que tendrás que abandonar tu incubadora y echar raíces en la tierra. Esto me entristece pues habremos de separarnos. Yo viviré adentro, moviéndome inútilmente, y tú vivirás afuera, en el jardín.&lt;br /&gt;-¡¿En la intemperie?! ¿Y qué será de mí si hiela? Podría morir allá afuera! ¿Es que no te importa tu único hijo?&lt;br /&gt;-Pero, la tierra, los nutrientes... será duro al principio pero pronto te acostumbrarás... –dije, ahogando algunas lágrimas.&lt;br /&gt;-¡Si me plantas afuera moriré sólo para vengarme!&lt;br /&gt;-No te pongas así, fruto de mi oreja, verás que juntos resolveremos esto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de un largo diálogo de madre a hijo, acordamos que después de un largo desayuno de despedida, Gargantúa iría al jardín, y que yo acamparía con el las primeras semanas para que la transición fuera más fácil para ambos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi vida entera jamás pasará este desayuno. Tardé tres meses sólo en prepararlo. Horneé treinta pasteles de zanahoria con doce kilos de betún de queso crema, preparé setenta y nueve bandejas de salchichas, tocino, chorizo. Alitas de polo, trescientas cincuenta, sin olvidar una gran variedad de salsas para meter los dedos. Brochetas de pimiento morrón, cebolla, champiñones, tomate, carne. Verduras mediterráneas, aceite de oliva, ensalada con feta, tortilla española, jamón ibérico, anchoas, quesos. Una enorme enchiladas mexicana, treinta chimichangas, queso amarillo, nachos guacamole crema ácida. Comidas chinas precocidas suficientes para alimentar a un ejército, ciento veinticinco kilos de asado con sus chícharos y greivi, el volumen de la vaca entera. Montañas amarillas de arroz, puré de papas, galletas saladas, quinientas latas de sardinas, pulpo en su tinta, atún, salmón, salchichas de Viena y Spam, ciento seis botes de mermelada, pastel de frutas, cincuenta y ocho kilos de papas fritas, salsa catsup: trece litros. Ochenta y dos barras de pan fritas en mantequilla y ajo, ciento veinte huevos duros, cuarenta pescados enteros a la plancha sobre las hojas de quince lechugas, dos y treinta kilos de empanadas de carne, tres litros de chimichurri, sesenta pizzas. Trescientos waffles belgas, once latas de crema batida instantánea, conservas de fruta de la temporada hechas en casa. Veinte kilos de cuernitos, quince de rollos de canela, diez de hojarascas, diez de turcos. Postres de nata, veintidós galones, diecisiete flanes, siete mil tetrapacks de jugo de naranja y los mismos de leche, una tonelada de arroz inflado y media de azúcar, cuarenta y cuatro tiramisús, dulces de leche, calaveras de azúcar, mazapanes. Todas las comidas que encontré en el mercado excepto los pobrecitos frijolitos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y construí una mesa que abarcara todo el comedor, la cocina, la sala, la lavandería, y el cuarto, y que saliera por atrás y diera vueltas a la casa. Y cosí un mantel que diera el largo con cinco mil yardas, rematando toda la orilla con encajes dorados. Y con el mantel jalo la comida hacia mí, y los ciento veintisiete juegos de vajilla los tiro detrás de mí. Y me voy comiendo todo despacio, minuciosamente. Me como cada migaja y lamo cada resto de cada plato y cada desperdicio embarrado en el mantel. Me como hasta la manteca del fondo de las ollas y la cochambre de los sartenes, hasta los pedazos de fruta podrida que queda en los platos, hasta el agua lamosa de los floreros y la tierra de las matas que puse para adornar la mesa. Sólo para alargar más este momento contigo, Gargantúa, sólo para alargarlo más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis caderas se ensanchan, mis pechos se caen, mis hombros se encorvan, mis tobillos se hinchan. Se me pone la piel pálida y varicosa, mi mentón se hace doble y triple y mi cuello ya no puede distinguirse y mi cabeza es la cúspide de la masa colosal de mi cuerpo, el mundo penetra por mi boca abierta, mi experiencia del mundo cae por mi garganta abismal, no necesito nada más. Mesa, silla-baño y yo somos una y la misma. Voy alcanzando la perfección. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;José entra a veces, mordisquea una alita de pollo, y niega con la cabeza, amargamente decepcionado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No puedes seguir así –me dice.– No puedes seguir así.&lt;br /&gt;-Esto es entre mi hijo yo. No tienes derecho.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1795023550260982131-8116765402091013890?l=lasafeccionesnarrativas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/feeds/8116765402091013890/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1795023550260982131&amp;postID=8116765402091013890' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/8116765402091013890'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/8116765402091013890'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/2008/08/jnnifer-dcock.html' title='Jénnifer Ádcock'/><author><name>Las afecciones narrativas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11865930094651577520</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SKmB6PKSzYI/AAAAAAAAAAw/zxTSgY-i99s/s72-c/jane-monito.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1795023550260982131.post-9186253002473150220</id><published>2008-08-05T13:30:00.000-07:00</published><updated>2008-08-06T13:23:22.461-07:00</updated><title type='text'>Óscar David López</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SJoB5MrDl4I/AAAAAAAAAAo/iI-PXLjjmPE/s1600-h/%25C3%2593scar_David_L%25C3%25B3pez,_foto_por_Abraham_Palafox%5B1%5D.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5231495999310239618" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SJoB5MrDl4I/AAAAAAAAAAo/iI-PXLjjmPE/s320/%25C3%2593scar_David_L%25C3%25B3pez,_foto_por_Abraham_Palafox%5B1%5D.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;(Foto: Abraham Palafox)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;strong&gt;BIOGRAFÍA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nació en Monterrey, en 1982, es narrador, poeta y ensayista. Recibió el &lt;em&gt;Prix de la Jeune Littérature latino-américaine&lt;/em&gt; 2005-2006, MEET, Saint-Nazaire, France. Además ha sido becario de &lt;em&gt;Maison des Écrivains Étrangers et des Traducteurs&lt;/em&gt; de Saint-Nazaire, France (2006); del Centro de Escritores de Nuevo León (2005). Ha publicado la novela &lt;em&gt;Nostalgia del Lodo/ La Nostalgie de la boue&lt;/em&gt; (MEET/Conarte, 2005); los libros de poesía &lt;em&gt;Gangbang&lt;/em&gt; (FETA, 2007) y &lt;em&gt;Perro semihundido&lt;/em&gt; (UANL, 2008). Fue director de &lt;em&gt;Himen&lt;/em&gt;, editor de &lt;em&gt;Harakiri Plaquettes&lt;/em&gt; y miembro del colectivo &lt;em&gt;Otra Orilla&lt;/em&gt;. Actualmente mantiene su bitácora electrónica en &lt;a href="http://oscardavidlopez.blogspot.com/"&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;oscardavidlopez.blogspot.com &lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Óscar David López quiere afectar a:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gabriela Torres Olivares&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jénnifer Ádcock&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nohemí Zavala&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Liliana V. Blum&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fernando Mol Treviño&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dulce María González&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antonio Ramos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;EFECTO CELOS&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;*****&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amor de mujer, respondieron las Sabias cuando les conté mi idea para educar al vagabundo. Aniquilarlo por presión. Igual que los picotazos del carpintero en mi zona de dolor. Yo estaba sobre su cuerpo y esperaba que se corriera para que el plan comenzara. Adentro. Adentro. Afuera. Adentro. Adentro. Adentro. Afuera. Adentro. Adentro. Adentro. Adentro. Afuera. Sus ojos eran la mirada de un gati-reloj. Tic tac: no voy a terminar dentro. Tic tac: me salgo y giro su cuerpo. Tic tac: me la vas a chupar. Tic tac: métetela hasta la campanilla. Tic tac: tu mierda tan nítida como la menta. Mi (nuestra) verga es un caramelo. Derrítela sólo para ti. Chúpala. Muérdela. No dejes que la prensa guíe esta paranoia sexual. No hay restos seminales de nadie más dentro de sus intestinos. De su paladar. De su corazón. Sólo soy yo (somos nosotros) en este momento aunque él está mirando el televisor apagado al devorarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay prensa. Silencio. No hay mensajeros electrónicos en nuestra cama. Silencio. No hay fantasmas. Silencio. Me siento de la chingada. (También nosotros). La erección se me baja. (Se te baja). Se limpia la boca, el culo y el pecho. No hubo explosión. Estoy negado (estamos negados). Está negado. Creo que él está pensando en alguien más (y no en alguno de nosotros). Saco del cajón un dildo. Una reproducción de la tour Eiffel. Lo giro bocabajo. Y me prometo (nos prometemos) que olvidará. Sea quien sea en quien esté pensando: por estos celos. Juro (nos juramos) que lo olvidará antes del amanecer. El carpintero picotea y ya no temo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;****&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico del mensajero electrónico y toda la prensa basura. El carpintero picotea y me lleno de temor. Mi corazón, un fan que todo lo trata de desmentir. El vagabundo es un rompecabezas abstracto de la feminidad inglesa reducida de la música pop noventera. Yo no amenazo porque siempre me siento amenazado. No quiero pederlo aunque sea él quien pierda más: yo tengo una casa y dentro me tengo a mí. Yo (y todas mis ganas) necesito (necesitamos) de su piel cuasi flor de la intemperie nocturna: su espalda trenzada en punto cardinal cual ombligo saltón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El miedo se inclinaba sobre mi nuca: un pájaro carpintero me invade la razón. Entonces juego a ponerme en blanco. Mantengo un ritmo de respiración ligero y ausente. Prohibido erupcionarme. No porque vaya a pensar que soy precoz o estoy sumamente enamorado: NO. Lo mío es hacerlo sufrir. Destrozarle el culo. El sexo es duro por gusto, ahora me digo con el tono nasal de las Sabias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El carpintero picotea y espera, vuelve a picotear y espera, un grumo de sangre. El carpintero hace gárgaras con mi sangre y vuelve a picotear. Yo estoy sobre el vagabundo: le doy mi cuerpo con un ataque de celos (antes su cuerpo fue de alguien más) y de miedo (en cualquier momento se iría con cualquiera).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo de suicida tiene mi cuerpo cuando el amor. Aunque a nadie le importa. Al chico del mensajero electrónico nunca le explicará que yo no mamo ni beso con gracia a menos que sea después que su mierda le invada los labios. &lt;em&gt;Blow-job after coitus interruptus&lt;/em&gt;. Poco le importa al vagabundo que atiendo con la exquisitez de un cliente cinco estrellas. Si quieres mi futuro olvida mi pasado, advertiría si de las Spice Vagabunda se tratase. Pero luego la magia negra de las revistas independientes mostrarían los portafolios fotográficos de cada integrante del grupo cuando apenas en la adolescencia su vello era bello y limpio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;***&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron un par de semanas en donde los dos muy confiados montábamos picnics a la orilla del precipicio. A veces olvidábamos usar condón y lubricante. A veces me lavaba la boca con su cepillo dental. A veces creía que era yo quien debía quedarse en cama mientras otro yo debía salir a trabajar. Tenía miedo que el aburrimiento lo empujara fuera de casa y no regresara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche en el mensajero electrónico ocurrió un reencuentro. Alguien que había estado en la fiesta me dijo que conocía al vagabundo. Me contó la historia de su mutua sexualidad. Que lo mejor era cómo mamaba la verga. Que no olvida su nostálgica costra desde las nalgas al empeine. Mostré interés haciendo la charla interactiva. Si quería contarlo, yo escucharía. Estoico me volví cual ojo omnisciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vacío se abrió en mí. Me tragó. Celos. Instinto asesino. Suicida, incluso. Matarlo antes que abandone mi casa. Ya no soy yo recostado sobre ese enorme hueco sino una sombra tan pesada como el deseo de aprehenderla mientras logro encender la luz. Ahora sólo necesito de una enfermedad de verdad. Los celos son cosa de niños. ¿Pero el miedo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;**&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pescaba todo lo que gratis apaciguara mi inmediatez promiscua hasta que un día tropecé con su sombra: el día de mi regreso a esta ciudad de corazones tijereteados. Dijo sentirse una sombra cuando corrí las cortinas de la habitación. En realidad lo era. Para los vecinos representaba lo mismo que él o cualquiera se encerrara en mi caja torácica: un hueco en mi propia soledad para echarme al placer. El cuento es que te enamoraste, escuché al teléfono cuando ordenaba los desechos amorosos una semana después de aquella fiesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un vagabundo, me advirtió una de las Sabias, la más puntillosa, aunque está necesitado de amor siempre podrá defenderse con “yo no te pedí nada”. Era cierto: él estaba a la espera sin condicionar ni ofrecer nada. Nunca podrás establecer un contrato de comercio ni retribución, remató la muy puta al terminar la llamada. Comprendí que el vacío era mío pues había regresado otra vez para enamorarme en la misma ciudad, pues yo mismo había abierto la puerta al vagabundo para limpiarlo, alimentarlo y asearlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;*&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Meses atrás había pulido ciertas piezas con la entereza de quien nunca volvería a atravesar el páramo de los celos. Por eso recorrí París, Tijuana, Montreal. Aeropuertos tan sucios en el reflejo de la mirada de un posible ligue que entra al cubículo de a lado. Esa noche había regresado con un brazo roto, amoratado: me escondí en un baño público para controlar ese rato de “puro instinto”, como lo llamaban las Sabias, pero en realidad esperaba que alguno abriera la puerta y me orinara el rostro y me pidiera disculpas y luego me golpeara el rostro con su verga. Conocí tantos hombres que comencé por llevar un registro del tamaño del pene y de la abertura y cierre del ano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo soy uno de esos dos que durante una fiesta vivieron de cerca labios, lenguas, alcohol y clóset. Rendijas de luz golpeaban los cuerpos mientras los minutos del juego daban en el blanco: yo acababa de regresar a la ciudad y la fiesta era por mi regreso. Sea arenoso sea líquido: blanco siempre el deseo. Sobre la cara. Sobre el pecho. Sobre la próstata. Tenía miedo de que me gustara volver a la ciudad y su desdicha. El sexo es duro por inherencia, decían mis amigas. Las muy Sabias.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1795023550260982131-9186253002473150220?l=lasafeccionesnarrativas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/feeds/9186253002473150220/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1795023550260982131&amp;postID=9186253002473150220' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/9186253002473150220'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/9186253002473150220'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/2008/08/scar-david-lpez.html' title='Óscar David López'/><author><name>Las afecciones narrativas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11865930094651577520</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SJoB5MrDl4I/AAAAAAAAAAo/iI-PXLjjmPE/s72-c/%25C3%2593scar_David_L%25C3%25B3pez,_foto_por_Abraham_Palafox%5B1%5D.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1795023550260982131.post-5519674711724968588</id><published>2008-08-02T11:55:00.000-07:00</published><updated>2008-08-02T12:33:02.794-07:00</updated><title type='text'>Inicio</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Ha pasado poco más de una semana desde que iniciamos este blog. La idea de hacer un sitio desde el cual pudiera mostrarse lo que se hace en nuestra narrativa reciente (todos sabemos a la manera de&lt;/span&gt; &lt;a href="http://www.laseleccionesafectivasmexico.blogspot.com/"&gt;cuál&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;)&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;, &lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;surgió en una plática cualquiera, como una suerte de broma cualquiera. Sin embargo estamos aquí y deseamos, a partir de este espacio, entablar una plataforma de discusión, análisis y difusión. La verdad es que narradores hay muchos, pero narradores cuya obra &lt;em&gt;desconocemos&lt;/em&gt; hay todavía más.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Entre otros (igualmente bienvenidos) hemos leído comentarios que inquieren acerca del formato de ya saben&lt;/span&gt; &lt;a href="http://www.laseleccionesafectivasmexico.blogspot.com/"&gt;quiénes&lt;/a&gt; &lt;span style="color:#000000;"&gt;y de por qué no lo seguimos. Pronto habrá más narradores en este espacio y la red se ampliará ateniéndonos a las preferencias y elecciones de los propios autores, como en ya saben&lt;/span&gt; &lt;a href="http://www.laseleccionesafectivasmexico.blogspot.com/"&gt;dónde&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;. Es cuestión de tiempo. Por lo pronto, esperamos sus comentarios sobre el proyecto y, a la vez, sobre el trabajo de Mario Bellatin.&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1795023550260982131-5519674711724968588?l=lasafeccionesnarrativas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/feeds/5519674711724968588/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1795023550260982131&amp;postID=5519674711724968588' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/5519674711724968588'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/5519674711724968588'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/2008/08/inicio.html' title='Inicio'/><author><name>Las afecciones narrativas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11865930094651577520</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1795023550260982131.post-1071005976371849466</id><published>2008-07-23T08:39:00.000-07:00</published><updated>2008-07-29T17:00:25.276-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Novela Breve'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Narrativa'/><title type='text'>Mario Bellatin</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SIdRYuFdVQI/AAAAAAAAAAQ/_ruFnnnNXi8/s1600-h/bellatinperro.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5226235377716385026" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SIdRYuFdVQI/AAAAAAAAAAQ/_ruFnnnNXi8/s320/bellatinperro.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;BIOGRAFÍA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escritor mexicano nacido en México DF. Estudió Teología y Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Lima (Perú). En éste país publicó sus primeras novelas, &lt;em&gt;Mujeres de sal&lt;/em&gt; (1986), &lt;em&gt;Efecto invernadero&lt;/em&gt; (1992), &lt;em&gt;Canon perpetuo&lt;/em&gt; (1993), &lt;em&gt;Salón de Belleza&lt;/em&gt; (1994) y &lt;em&gt;Damas chinas&lt;/em&gt; (1995). Más tarde viajó a México, donde edita, &lt;em&gt;Poeta ciego&lt;/em&gt; (1998), &lt;em&gt;Salón de belleza&lt;/em&gt; (1999), &lt;em&gt;El jardín de la señora Murakami&lt;/em&gt; (2000), &lt;em&gt;Flores&lt;/em&gt; (Premio Xavier Villaurrutia, 2002), &lt;em&gt;Perros héroes&lt;/em&gt; (2003) y &lt;em&gt;Lecciones para una liebre muerta&lt;/em&gt; (2005). Ha sido director del Área de Literatura y Humanidades de la Universidad del Claustro de Sor Juana y es miembro del Sistema Nacional de Creadores de México. Es además autor de la obra teatral &lt;em&gt;Blackout&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;MADRE E HIJO&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca se me ocurrió, durante el tiempo que viví junto a mi madre, que ajustar mis genitales en su presencia tuviera una repercusión mayor. Estaba equivocado. Después supe que incluso les pedía a las otras mujeres objetos de valor para que pudieran mirármelos plenamente. Ajustados, acogotados, a punto de estallar. Mi madre aprovechando mi dolor. Recolectando objetos sin parar. Muchas veces cosas de comer o pequeñas prendas de adorno personal: aretes de plástico, alguna cuerda delgada que adosaba a su muñeca. Cierta vez consiguió un lápiz con el que pintó sus labios. Fue tanto el entusiasmo que le causó delinear su boca que olvidó por unos momentos mi presencia. Logré entonces desanudar la extraña prenda que mi propia madre había ideado para nuestras visitas a los baños. Quedé totalmente al descubierto. Una luz difusa iluminó mi carne. Me arrojé después al agua. A la parte más honda. Aparté a unas mujeres obesas que con sus cuerpos me impedían el paso. Estuve incluso a punto de cruzar a la sección reservada a los hombres. Estaba seguro que de haberlo logrado nunca más hubiera vuelto a ser recibido por mi madre. De improviso se me ocurrió voltear. Estaba a gatas. El agua se confundía con el barro. De haberme puesto de pie me hubiera llegado sólo a los tobillos. Hubiese quedado expuesto nuevamente a las miradas que hacen posible que me encuentre ahora en estos baños. Las mujeres hurgarían entre sus pertenencias y lograrían, por medio de aquel trueque tan particular, contemplarme el tiempo que considerasen necesario. Miré más allá de las mujeres obesas y pude percibir que mi madre continuaba al lado de las piletas de aguas termales. Seguía abstraída en el ritual de delinear su boca. Las demás la observaban con detenimiento. Salvo las mujeres obesas, que seguían atrapadas en la zona que les tenían reservada. Me atrevo a decir que se trataba de un espectáculo ajeno a las costumbres de la región. Me pareció tan alejado de nuestras usanzas que no pude controlarme y le grité. Mi madre no podía utilizar estas visitas para pintarse los labios. Mi voz se fue acrecentando. El rebote del agua contra los canales de cemento distorsionaba de manera rotunda las palabras que le iba dirigiendo. No podía permitir que los labios de mi madre fueran más importantes que el espectáculo que mis testículos eran capaces de ofrecer. Pero parecían serlo. Incluso a las mujeres obesas se les veía dispuestas a romper las reglas y se preparaban para ingresar a la zona de aguas termales. Antes aquello nunca había sucedido. A partir de cierta edad y de la definición de los sexos, cada cual tenía su zona asignada. Sólo a los niños y adolescentes se nos permitía ir de una a otra sin el permiso de nadie. Estábamos en la libertad de aventurarnos desde el espacio de las mujeres estériles hasta el reservado a las niñas que eran preparadas para ser ofrecidas a los hombres que años después debían pegar plumas de ave en sus cuerpos. En los primeros tiempos permanecía muchas horas dentro del agua. En aquella época no sabía aún lo perjudicial que suelen ser los baños tomados a destiempo. Era inconsciente todavía de lo peligrosas que se tornan las superficies recorridas una y otra vez. Volver a descubrir las marcas del tiempo sobre las cosas es quizá una de las enseñanzas de estos baños. Lo único que parecía escapar a este deterioro eran mis testículos, siempre dispuestos para la exhibición. En la puerta de salida me esperaba mi madre. Se le veía contenta cada vez que nos volvíamos a encontrar. Llevaba casi siempre consigo los objetos recolectados durante la jornada. Le agradaban la mayoría de los regalos que le daban a cambio, pero parecía haber comenzado a tener una especial predilección por los lápices de labios. En más de una oportunidad me había despertado en medio de la noche para mostrarme sus labios morados o fucsia fosforescente. Nunca pude estar seguro de si lo había soñado o si aquella figura exaltada que movía la boca en forma un tanto grotesca formaba parte de una escena que existía en realidad. Mi madre no dejaba de mostrarme los labios hasta que yo despertaba del todo. Le decía que efectivamente me gustaba más cuando estaba pintada de esa manera. En noches como aquélla era muy difícil que volviera a conciliar el sueño de la forma profunda en que suelo hacerlo. Me quedaba entre despierto y dormido. Ponía en práctica un viejo juego —con el cual me solía entretener desde niño— que consistía en sacar mis genitales, sin necesidad de las manos, de la extraña ropa interior que mi madre me confeccionaba. Sabía que aquella prenda no era una invención suya. Se trataba de un modelo que venía de muchos años atrás. Sabía también que el oficio de madre que se dedica a mostrar los genitales de sus hijos no era de su invención. Se trata de una costumbre de antigua data, para la cual no todas las mujeres con hijos están capacitadas. En realidad casi ninguna se encuentra en condiciones de llevar a cabo una práctica de esta naturaleza. De allí la ínfima cantidad de madres de este tipo que hay en el mundo. En la comarca casi todos habían olvidado la existencia de una mujer semejante. Tuvo que ser mi propia madre la que les hizo recordar a los demás que cincuenta años atrás la hermana de su abuela se convirtió, como producto de esta profesión, en la mujer más poderosa de la zona. Se tenía cierto recuerdo de aquella mujer. Pero nadie, ni siquiera mi madre —quien realizó una investigación exhaustiva para conocer más de cerca a su predecesora— conocía el destino final del hijo que la llevó a reunir tanto poder, lo sucedido con ese muchacho con quien recorría poblado tras poblado en una ruta sin fin. Es verdad lo que se rumora, me dijo mi madre cierta madrugada de mucho calor en que me acababa de despertar para enseñarme unos labios cubiertos con una pátina aceitosa, de las madres mostradoras de genitales se llegan a conocer muchos detalles. En cambio de sus hijos exhibidos se ignora todo. Luego me enteré de que los mataban sin piedad. Aquella noche caí profundamente dormido. Tuve muchos sueños, que continuaron las noches siguientes. Imaginé el destino de las madres que se enriquecían con el espectáculo ofrecido por sus hijos. Se decía que aquellos genitales terminaban siendo víctimas del mal propiciado por la envidia de las demás. De un momento a otro comenzaban a secarse hasta que de la bolsa inflada que los contenía no quedaba sino una tripa flaca y colgante, que terminaba por desprenderse del cuerpo antes de que el joven se diera cuenta de lo que estaba ocurriendo. Cuando esto sucedía las madres huían de inmediato. Cargaban como podían con los objetos de valor que hubiesen recolectado y solían dirigirse hacia las zonas montañosas a esconder su vergüenza. Antes daban muerte a sus hijos. Una de las maneras más comunes era permitiendo que se llenara de gusanos la herida dejada por el escroto al desprenderse. Para acelerar el proceso ponían sobre la herida restos de excremento. Me enteré de este método hace poco tiempo. Me lo contó un compañero de la escuela especial a la que asisto. ¿Por qué me encuentro matriculado en una escuela especial? Es una pregunta que nunca dejo de hacerme. A mi madre parecía no bastarle con llevarme casi todas las tardes a los baños públicos. Enriquecerse con los objetos que iba recolectando. Pintarse los labios una y otra vez con lápices de diferentes colores. Todo esto daba la impresión de parecerle poco. Cualquiera que la hubiera visto en esos años hubiese pensado que me odiaba con todas sus fuerzas. Pensaría en esa única opción, sobre todo si hubieran apreciado el gozo que se reflejó en su rostro cuando la directora de aquella escuela dio por fin su veredicto de aceptación. Mi madre había estado muchos años empeñada en lograr que formara parte de esa escuela. Cuando le nació aquel deseo todavía no podía percibir la potencialidad de mis testículos. En aquellos tiempos esa escuela era tal vez la única salida que podía encontrar para ser considerada como un mujer de cierto prestigio en la comunidad. El único modo de estar al nivel de los hombres que pegan plumas de ave en sus cuerpos. Recuerdo que cuando estábamos a solas realizaba experimentos con mi cuerpo para conseguir mi ingreso. Me colocaba unos lentes con los que la realidad se trastocaba hasta convertirse en una presencia irreconocible, capaz únicamente de producirme pavorosos mareos. En otras ocasiones me asfixiaba con la almohada hasta que me sentía morir. Una vez trató de meter mi cráneo dentro de una calavera que guardaba con fines desconocidos. Cierta mañana en que me descubrió gastando en caramelos un dinero que cayó del bolsillo de un muchacho de la zona, me quemó las manos en la hornilla de la estufa. Sólo consiguió que me aceptaran en la escuela especial después de la primera incursión a los baños públicos. Alguien le había dicho que hacer esa visita era la única forma de lograr que fuera parte de esa escuela. En aquel entonces mi madre era una mujer realmente pobre. Ni siquiera era dueña del bolso con el que actualmente se pasea. Vivíamos en un galpón que había sido de sus padres. Durante muchos días fue guardando centavo tras centavo para poder pagar una entrada en aquel tiempo inalcanzable. Nuestros cuerpos comenzaron a expeler un olor hediondo. Como sabíamos que la visita estaba próxima, abandonamos las formas de aseo que practicábamos normalmente. Cuando se logró completar el valor de las entradas nos levantamos antes de que amaneciera. Salimos con prisa. Sabíamos que desde muy temprano se formaban las filas de gente para entrar. Que muchos de los comerciantes del sur iban a visitar esos baños antes de sus giras de trabajo. Que las mujeres de la más alta alcurnia querían aprovechar las opacas luces del alba para que nadie apreciara con nitidez sus cuerpos antes de ser introducidos al agua. Nos quedamos dentro horas enteras. Los regalos comenzaron a aparecer ni bien madre me quitó los pantalones. A partir de entonces tuvimos acceso gratuito a las instalaciones. Debíamos acudir todo el tiempo que nos fuera posible. Nunca más mi cuerpo volvió a oler de manera desagradable. Mi piel cambió a las pocas semanas. Se cubrió de una pátina un tanto reseca y de una luminosidad que para algunos es incluso más asombrosa que mis propios genitales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mario Bellatin&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1795023550260982131-1071005976371849466?l=lasafeccionesnarrativas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/feeds/1071005976371849466/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1795023550260982131&amp;postID=1071005976371849466' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/1071005976371849466'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1795023550260982131/posts/default/1071005976371849466'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/2008/07/mario-bellatn.html' title='Mario Bellatin'/><author><name>Las afecciones narrativas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11865930094651577520</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_l382_f-iKpo/SIdRYuFdVQI/AAAAAAAAAAQ/_ruFnnnNXi8/s72-c/bellatinperro.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry></feed>
